Claude Marenoy, filósofo o qué
La vida del filósofo y metafísico francés Claude Marenoy aparece envuelta en tienieblas, dentro de un velo, cuyo color, tamaño, sabor y rugosidad dependen del gusto del cliente. Así las cosas, poco es lo que se sabe de ella. Fueron varios los biógrafos que intentaron conocer sus secretos, bucear dentro de su húmedos recovecos, palpar con la lengua sus plieguies ocultos, pero todo fue inútil. O todos fueron unos inútiles. Esa vida, carajo, se niega a ser desentrañada. No queda más remedio que resignarse a arañar la superficie de la verdad, a conformarse con el glande, la puntita de lo que debe haber sido el tronco de una existencia apasionante.
Marenoy empezó a hacerse conocido por sus publicaciones de carácter filosófico-espiritual, donde planteaba un modo de vida alejado de lo material, de las casas de material. Una vida al aire libre y en contacto con la naturaleza a través de modernos aparatos de comunicación.
Durante aquella etapa se lo relacionó con la pintora Amanda Pranagananda, la famosa artista hindú que llenó de grafitis las paredes del Taj Mahal y luego fue juzgada, condenada y empalada por esa causa. Pero como Marenoy no quiso relacionarse con ella, la mujer debió regresar a su país de origen. Por entonces, Marenoy practicaba mucho la misoginia. La practicaba unas tres o cuatro veces al día encerrado en el baño.
Se sabe que el filósofo fue un gran estudioso de las doctrinas y de las religiones orientales, y que se esforzó mucho, muchísimo por aportar a Occidente una visión no simplista del pensamiento de la India. Su esfuerzo, a veces llevado al extremo, le produjo no pocas evacuaciones en los momentos menos esperados, como en una conferencia o un debate con amigos en el lobby de un hotel. Es que Marenoy, cuentan quienes lo conocieron muy de cerca, era un apasionado. Y un hombre de mal aliento, también.
Hay que destacar que sus críticas a la civilización occidental partieron siempre de presupuestos metafísicos y no de la falta de presupuesto, como alguna vez se dijo, para la edición de sus obras. Es cierto que no siempre hubo gente dispuesta a publicarlas, pero una vez editadas, aquellas se volvieron indispensables. Desde entonces, el punto de apoyo que ofrecen sus libros sobre el hinduísmo es fundamental para quienes quieran profundizar en esa tradición, o alcanzar un objeto alto en un estante, dado la corpulencia de sus volúmenes.
¿Qué más se sabe de Marenoy? No mucho. Que abandonó Francia en 1930 y se instaló en Egipto para profundizar en el conocimiento del sufismo, aunque luego habría acabado practicando el surfismo en las playas de Alejandría. Que se convirtió al islam y cambió su nombre por el de Cat Stevens. Y algunos otros datos inútiles como que fumaba narguile, comía caramelos de frutilla o que prefería la ducha al baño de inmersión.
“Fue muchas personas en una”, lo definió Focault. “Quiso ser polígrafo y no pasó de haberse tomado alguna vez una radiografía”, comentó con sorna Simone de Bouvoir.
En su biografía, Paul Charconnac se refiere a él en estos términos: “No se le puede definir, ni clasificar. No fue un orientalista, no fue un historiador de las religiones, no fue un poeta, ni un ocultista. Tampoco era un filósofo... Se podría decir que fue un metafísico, pero la metafísica que exponía tenía poco que ver con los manuales de filosofía. Se podría decir también que jugaba bien al billar. Y eso es cierto”.
Análisis de su Obra:
Introducción General al estudio de las Doctrinas Hindúes. Fue su primera obra. En su defensa, Marenoy dijo que la escribió por encargo. Este argumento lo mantuvo al margen de las críticas y de los atentados contra su vida.
Los estados múltiples del Ser o Principios del cálculo infinitesimal. Aquí se reúnen una serie de estudios sobre simbolismo y su interpretación ortodoxa tradicional. Son de difícil lectura y comprensión hasta para el autor, quien justificó su escritura por un arrebato de inspiración y un exceso de gin Beefeater.
Tradición Primordial, iniciación y sociedades iniciáticas. Libro donde aparecen una serie de artículos publicados para la revista El velo de Isis, que posteriormente pasó a llamarse Revista de Estudios Tradicionales y luego El Olé Deportivo. Entre las sociedades iniciáticas aparecen la francmasonería, el Opus Dei y la iglesia evangélica Jesucrito llamame.
Oriente y Occidente. Obra en que el autor aborda la falta de comprensión y entendimiento entre esos dos mundos, condenados a entenderse si no quieren aniquilarse recíprocamente y perecer. Martenoy defiende una salida digna a esta tradicional oposición como vía para lograr el entendimiento entre las diferentes culturas. Propone, inclusive, en una regresión infantil, una pelea entre los guerreros más fuertes de cada lado, prometiendo para el ganador el gobierno de ambos mundos. Esta última solución terminó por causar desencanto entre los lectores, quienes habían comprado el libro pensando que era una obra seria.
La Crisis del Mundo Moderno. En este trabajo Martenoy parte de un optimismo sin límites, desenfrenado, que luego va matizando poco a poco hasta caer, en la segunda mitad del libro, en el abatimiento extremo y el pesimismo, sugiriendo inclusive fórmulas de suicidio. Las últimas hojas están en blanco o llenas de garabatos.
El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos. Sin duda su mayor obra, más completa y ambiciosa. En ella analiza la civilización occidental partiendo de los principios generales del Vedânta y situándola dentro del marco de las Cuatro Edades (Yugas) que establece la Tradición. Las conclusiones son demoledoras: el mundo es solo un planeta más en el espacio. Y ese planeta -¡el nuestro!- gira alrededor del sol... Bueno, las conclusiones de Marenoy dejaron boquiabiertos a los estudiosos de Salamanca. Veremos qué dicen los Reyes Católicos de todo esto.
Los críticos
Claude Martenoy no se salvó de las críticas ni de pagar los impuestos. Desde el mundo intelectual se le opusieron figuras de la talla de Umberto Eco (el autor de La Rosa Púrpura de El Cairo) y René Guénon, y también Paul LeCour, Gustave Bord y Franck Duquesne. La respuesta de Martenoy a estos autores figura en obras como ¡Mascalzoni! o Todos ustedes me soban bien el nabo, donde rechaza las afirmaciones en su contra con gran altura y conocimiento.




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M dijo
Oh!
El mundo, sin dudas, sería un lugar bastante más aburrido del que es... sin filósofos...
17 Septiembre 2007 | 06:39 PM