DYLAN HERTZ, DOMADOR DE OSOS HORMIGUEROS
No le fue sencillo a Dylan Hertz transformarse de la noche a la mañana en domador de osos hormigueros. El siempre había querido ser astronauta, pero sus estudios de contabilidad y estenografía lo habían alejado de esa posibilidad. Pero, ¿domador de osos hormigueros? La historia de su tardía vocación bien podría figurar en los registros de la Guiness (me refiero a la cerveza, claro), porque surgió después de una borrachera.
Estaba Dylan sentado sobre un risco con su lata de cebada y lúpulo helada cuando notó que una hormiga transitaba por su brazo. En un primer instante, casi por reflejo, estuvo a punto de aplastarla de un manotazo, pero se detuvo. Quedó mirándola de manera escrutadora, como si nunca hubiese visto uno de esos reptiles, cuando se le ocurrió la idea de establecer algún tipo de diálogo con el quelonio. La primera dificultad, supuso, sería poder oír sus palabras dado su escaso tamaño y el aún más reducido de su boca. La segunda, entender su idioma. Pero Dylan hizo el intento y no le fue mal: la hormiga hablaba inglés y él también.
Aquella vez del risco Dylan supo, de boca del bichito, que la vida de las hormigas es muy amarga debido a la amenaza permanente de que se las coma un oso hormiguero.
-La vida es muy guacha con nosotras –dijo-. Mirá que la naturaleza tiene que ser turra para inventar un animal enorme que se alimente con nuestros cuerpitos. Decime: ¿a quién le puede gustar comer hormigas? Solo a ese engendro que se llama oso hormiguero. Y digo engendro porque es el resultado de una cruza espantosa: oso con hormiga. Como si mañana surgieran otras de león con sapo o cucaracha con vaca. ¡Qué asco! Bueno, el caso es que este engendro la tiene con nosotras. Y nos absorbe con esa manguera que tiene en el hocico. ¡Qué destino, dios mío!...
Dylan se enterneció con la queja y dejó caer su lata de cerveza. Pensó que era un privilegiado al poder dialogar con ese tipo de animalitos y creyó entonces que tenía una misión que cumplir: acabar con aquella historia siniestra. Pero la hormiga seguía hablando con su voz finita:
-¡Esto no se banca más! Parece que la tienen con nosotras... Me acuerdo de ese chiste de la hormiga y el elefante... ¡A vos te parece! ...
La hormiga hablaba y hablaba mientras Dylan pergeñaba un plan.
-¡Esto no se banca más! Parece que la tienen con nosotras... Me acuerdo de ese chiste de la hormiga y el elefante... ¡Ah!... eso ya lo dije...
Dylan miró entonces al reptil con ternura: una idea había madurado en su cabeza.
-¡Tengo la solución! –confesole- Adiestraré osos hormigueros. Los domaré. Les lavaré el bocho hasta que se saquen esa costumbre tan perniciosa.
...Y ese es el comienzo de esta historia. Dylan se dedicó a partir de aquel día a buscar osos hormigueros para domar. Los encontró en cautiverio, en el jardín zoológico. Una noche ingresó subrepticiamente en su jaula y despertó a uno que roncaba. Cuando se disponía a meterlo dentro de una bolsa, el susodicho animal se despertó:
-¡Eh!.. ¿Qué hacés, loco?... ¿Quién sos vos? –le dijo aturdido- ¿Qué querés? ¿Guita? ¿No encontrás la salida?
Dylan no podía creer que el oso hablara. Vaya y pase con las hormigas, pero ¿un oso hormiguero? Luego del desconcierto, recapacitó: mejor si hablaba, así podía explicarle su proyecto.
-Mirá, flaco. Perdoná que te tutée, pero vengo a terminar con una injusticia. No puede ser que ustedes se sigan comiendo las hormigas, pobrecitas... Vengo a proponerles una nueva dieta, si no lo tomás a mal. Una más sana. Yo me encargo de enseñárselas...
-¿A qué te referís? –contestole el oso.
-A otra dieta: sanguches, fideos, danonino.... ¡Yo qué sé! Córtenla con eso de comer hormigas... ¡Me revuelve el estómago!...
El oso lo miró detenidamente a los ojos y le confesó:
-¿Y vos te pensás que a nosotros nos gustan las hormigas? ¡Por favor!...Lo que pasa es que tenemos el agujero del hocico muy chico... No pasa nada por allí. Solo las hormigas... Y si no comemos eso, nos morimos de hambre.
-¿Nunca pensaron en una cirugía estética?
-Sí, pero no tenemos guita.
-¿Migas de pan?
-Engordan.
-¿Arvejas? ¿Granos de choclo? ¿Caviar?...
-No tenemos abrelatas.
Harto de proponer en vano, invitó al oso a dejar la jaula y acompañarlo a su departamento. El oso accedió ante la promesa de Dylan de encontrar una solución.
-Yo conozco una cura. –prometió.
-¿No se dice monja?
El oso se subió a la camioneta y junto a Dylan viajaron hasta el centro de la ciudad. Al llegar al departamento y mientras el animal se acomodaba en el sillón de living, Dylan encendió el televisor y puso el Discovery Channel. Desfilaron entonces las imágenes de gallardas bestias como el león o la pantera devorando tiernos corderos y alces: el oso hizo una mueca de asco...
-Me quedo con las hormigas –dijo.
-Acá tengo una –señaló Dylan, abriendo su mano con delicadeza.
-¡Gracias hermano! Era hora...
-¡No!... ¡No la comas!... Quiero que hablen entre ustedes a ver si encuentran una solución.
Fue demasiado tarde. La sopapa de su hocico ya había absorbido a la hormiga y el oso se relamía de contento.
Frustrado por el episodio, Dylan asestó al oso un tremendo golpe en la cabeza con una baguette que reposaba en la mesita ratona desde tiempo inmemorial: el animal quedó desmayado. Al despertar se encontró totalmente maniatado por un juego de correas.
-¿Qué hacés?.. ¿No serás raro vos, no?.. –preguntó asustado el oso.
Pero no. No era raro, aunque un poco exótico, digamos. De allí en adelante adiestró al oso en pruebas circenses, le enseñó a sumar con las patas delanteras y a indicar la dirección del viento con la cola. Ganó fortunas con el oso cautivo.
El oso siguió alimentándose de hormigas, claro. Pero a Dylan le importó tres carajos.



Espiral Producciones Artísticas surge con la finalidad de ser el más confiable proveedor de arte y desarrollo. Además de tener la mejor calidad y costos accesibles, orientamos nuestra filosofía hacia el trabajo en equipo, en donde la idea de nuestros clientes queda expresada tal cual su voluntad, junto al sutil toque de distinción que desde espiral le damos.
El oso Barney denunció al dinosaurio Barney
por el uso indebido de su nombre y por ganar mucha más guita que él en su momento. Los dos artistas se habrían desafiado a ver quien dice más boludeces en un minuto, no pudiéndose sacar ventaja. El oso insiste en decir que el dinosaurio lo cagó, pero el muñeco solo sonríe de manera idiota cada vez que lo escucha. Cosas del espectáculo...
Un despelote de novela se armó en el último recital de los Rolling Stones, en Rumania, cuando la concurrencia empezó a hacer pogo. La multitud, borracha de guindado, tiró los bafles a la mierda, un paragüero y varios adornos que había sobre una repisa.
Un maduro científico de nombre Ronald Gepetto estaría trabajando en la clonación del primer ser humano en un laboratorio de Italia. La noticia, aunque desmentida por las autoridades, sería verdad: “Lo niegan pero es absolutamente cierto. Solo saben decir mentiras en ese instituto”, afirmaron fuentes confiables.
-¿Adivina quien soy?
Nos escriben Paul & Mary desde Arkansas, Estados Unidos, invitándonos a pasar por su casa y beber juntos una leche malteada. Soy alérgico, chicos, pero gracias de todos modos.
marianalaaldeana dijo
Jeje, una buena historia, como todas las tuyas.
Un beso.
24 Julio 2007 | 10:17 PM