EL PAYASO DE HITLER
-Homero hablaba de Tersites, quien divertía a los guerreros griegos en las retaguardias de las áreas de combate. Y Virgilio de las fiestas del Ager, en las que personajes enmascarados o maquillados improvisaban diálogos humorísticos y representaban costumbres populares. Dentro de los payasos romanos se hicieron famosos Cicirro, que usaba una máscara con cresta de gallo y actuaba como tal, cacareando y batiendo brazos como alas, y Estúpido, que llevaba un traje de parches y un gorro puntiagudo...
-¿Estúpido se llamaba?
-Si. De ahí viene la palabra.
-¡Mirá vos!... Seguí, seguí.
-En la Edad Media los monjes lo pasaban bomba con Karakul, un payaso que hacía chistes obscenos sobre el Papa y se tiraba pedos... Eso los mataba de la risa.
-¡No te puedo creer!
-Creéme que fue así como te cuento.
-¡Seguí, seguí!..
-En tiempos de Isabel la Católica se divertían en la corte con un epiléptico al que le ponían cascabeles mientras bailaba desnudo arriba de una mesa...
-¡Qué crueldad!
-Eso no es nada. Carlos VI de Alemania dicen que tenía tan mal humor que un día que le llevaron un payaso para que se riera creyó que era el embajador de Francia y le declaró la guerra a Luis XV.
-¡Por favor!..
-Y así puedo seguir dos horas contándote la historia de los payasos, pero antes le quiero dedicar un párrafo aparte a quien considero el mejor de todos: Fernando.
-¿Fernando? ¿Fernando qué?
-Fernando. A secas.
-Fernando A. Secas. No me suena.
-Fue el mejor. Lejos. Era el payaso de Hitler.
-¿Hitler tenía un payaso?
-Ajá. Parece que el tipo quería reírse un poco después de cada matanza y entonces lo llamaba a Fernando.
-¿Y el tipo qué hacía?
-Iba.
-No, ya sé. Digo qué tipo de gracias hacía.
-Te cuento. Apenas llegaba fingía tropezarse y se caía. Siempre hacía la misma rutina, pero Adolfo se reía de lo lindo...
-Nada especial.
-No. Después se acercaba hasta Hitler y le tiraba de los bigotitos.
-¡No te puedo creer!... ¿Y Hitler lo toleraba?
-Toleraba todo. Con decirte que Fernando era judío...
-¡Judío!
-Y negro.
-¡Negro!
-Y puto.
-¡Puto!
-¿Vas a repetir todo lo que digo?
-Es que no puedo creer que Hitler se bancara todo eso...
-Eso y mucho más. Con decirte que lo que más le gustaba era cuando Fernando lo imitaba.
-¿Lo imitaba?
-Y mal, ¿eh? Lo ridiculizaba. Se ponía un palo en el culo y hacía como que daba un discurso ante las juventudes hitlerianas.. Le copiaba la voz, exageraba los gestos, todo...
-¡Es increíble!..
-Y sí. Demasiado. A Fernando se le iba un poco la mano. Con decirte que cuando estaba en plena función y entraba alguien, pongamos Himmler o Goebbels, por ejemplo, les daba una patada en el culo o les sacaba el sombrero y meaba adentro...
-Pará un poco... No te puedo creer...
-O cuando llegaba Eva Braun, le levantaba la pollera o le tocaba una teta...
-Pará...
-Fue así, te juro. Ese Fernando era un zafado, pero a Hitler le gustaba. Lo hacía reír...
-Lo hacía reír...
-A carcajadas.
-Increíble.
-Hasta en el bunker, ¿eh? En sus últimos días, cuando el triunfo de los aliados era ya cuestión de días, Hitler lo llamaba para que lo hiciera reír. Los nazis se repartían las píldoras de cianuro y el payaso hacía chistes sobre eso: las cambiaba por purgantes...
-No... pará... ¿En serio?...
-Así fue. Hasta que se pasó de rosca y se pudrió todo.
-¿Qué hizo?
-Le daba pena la situación y se quiso moderar un poco. Entonces se le dio por contar un chiste de la serie de los de Fritz y Franz, esos chistes alemanes tan pelotudos, y Hitler no se rió. Fue la primera vez que no se reía. Fernando entonces se puso un poco nervioso y contó ese chiste del tipo que va a la farmacia y pregunta si ya se puede sacar el profilático porque tenía ganas de orinar... Fue su final...
-¿No le gustó a Hitler?
-No, porque a él le había pasado una cosa así... y pensó que Fernando lo estaba cargando.
-Ah... ¿Entonces que hizo?... ¿Lo mandó a matar?...
-No. Peor. Le puso un informe nazi y lo dejó salir del bunker. Cuando los aliados entraron en Berlín no podían creer que hubiera un negro nazi...
-¿Y?
-¡Y se cagaron de risa!... Lo llevaron a Estados Unidos y fue un éxito...
-Yo ni me enteré.
-¿Y por qué te ibas a enterar? El tipo se cambió el apellido, se casó y tuvo familia allá. Y si no me equivoco, el hijo llegó a ser jefe del ejército y después secretario de Estado...
-¡Mirá vos!...
-Y sí...



marianalaaldeana dijo
No sólo cojonudo sino que encima con traca final.
Un genio, sí señor.
Un beso.
2 Julio 2007 | 05:30 PM