EL BARBERO DE SEVILLA
Acto Primero
(Una plaza de Sevilla con la casa del doctor Bartolo)
El conde de Almaviva, oculto bajo el nombre de Lindoro, corteja a la bella Rosina; pero ésta no puede hablarle porque está custodiada por su viejo tutor, el doctor Bartolo, un anciano libidinoso quien pretende casarse con la joven.
Al alba llega el conde dispuesto a dar una serenata a su amada. Una vez terminado el canto paga a sus acompañantes, que sorprendidos por la generosidad de la retribución expresan con entusiasmo su reconocimiento:
-¡Gracias Condeeee!... -¡Nunca había visto tanta guita junta en mi viiiidaaa!... -¿No serán falsos los billeteeeees? -¡A esto le siento mal oloooor!... -Disculpame, es que no tuve tiempo de ducharmeeee...
El conde queda solo con su servidor (que no es quien esto escribe sino un tal Fiorello), cuando aparece Fígaro, el barbero, quien reconoce a Almaviva y lo expresa a los gritos y con la voz gruesa:
-¡Lei e il condeeeeee!...
Almaviva pretende hacerlo callar cantando a la par, lo que no cumple con sus propósitos de continuar en el anonimato: salen los vecinos y piden que se callen.
El conde, a su vez, exige a Fígaro que le concierte una entrevista con Rosina. Una mujer aparece en el balcón:
-¿Ma come?... ¿Questa e Rosina?.. ¡E un escrachoooooo!...
Fígaro le aclara que la mujer en cuestión en realidad es Berta, la sirvienta. Luego, sí, sale Rosina, quien arroja una carta que Fígaro lee rápidamente. La joven corresponde al amor de Almaviva pero le dice que su viejo tutor la vigila constantemente.
-Ë un vechio hincha pelotaaaaaaas...
Don Bartolo sale en ese momento, recomendando a su criado no abrir la puerta a nadie, con la sola excepción de Don Basilio. Resultado: Don Bartolo debe dormir afuera dada la rigurosidad con que el criado cumple la orden.
El conde canta una nueva serenata, revelando a Rosina su supuesto nombre de Lindoro.
-Io sono Lindoroooo.....No il condeeeeee... -¿Lindoroooo? -Eccooooo. -Pero Lindoro es nombre de gaucho argentinooooo. -¿Ah si? Non lo sapevaaaaaaaa...
Fígaro, previa promesa de abundante retribución, aconseja al conde que se disfrace de soldado y, fingiéndose ebrio, se presenta en casa de Don Bartolo, exigiendo alojamiento.
-¡Alojamiento yaaaaaaaa!....
Acto segundo
(Casa del doctor Bartolo)
Se presenta Fígaro, quien hace comprender a la joven que debe comunicarle algo importante, pero tiene que esconderse porque se aproxima Don Bartolo. Entra éste y en un arranque de celos se enfurece contra el barbero:
-¡Barbero di meeerdaaaaa!....¿Cosa fai aquiiiii?...
En este momento aparece Don Basilio, un clérigo que además de ser maestro de música se dedica a arreglar matrimonios. Concierta con Don Bartolo la manera de desacreditar al conde propalando una calumnia: que en realidades una mujer vestida de hombre.
-¡Maama míaaaaaaaaa!... – canta Rosina, que había escuchado todo, con voz muy aguda.
Entretanto, Fígaro explica a la joven que el personaje con quien ella lo vio hablar desde el balcón y que la corteja, es un joven llamado Lindoro:
-Me dijeron que el gaucho es una china, en realidaaaaad... -No haga caso, Rosinaaaaaaaa....
Se oyen fuertes golpes en la puerta. Berta, la vieja criada, acude presurosa a abrir, cuando entra el conde en traje de soldado y fingiéndose ebrio:
-Questa notte stanno tutti in pedooooo...
El soldado, mofándose de Don Bartolo, provoca un gran alboroto, circunstancia que aprovecha para darse a conocer a Rosina y pasarle una carta:
-¿Qué quiere decir el siete de espadaaaaas? –dice la joven.
Don Bartolo protesta, aparece Fígaro fingiendo gran sorpresa, y todos gritan:
-¡Ahhhhh....! -¡Ohhhhh....! -¡Uhhhhh....!
En eso llega la fuerza pública para reprimir el desorden y llevarse preso al soldado. Pero éste se da a conocer al oficial, quien entonces le rinde honores, entre el asombro de todos y la indignación de Don Bartolo, que es objeto de la burla general.
-¡Viejo boludoooo!.... -¡Forrrrooo...!...
Acto Tercero
(Casa del doctor Bartolo)
Mientras Don Bartolo cavila sobre quién puede ser el soldado...(¿Astiz?..) se le aparece el conde disfrazado de clérigo y le dice que se llama Don Alonso y que es maestro de música y discípulo de Don Basilio. El público no entiende nada y comienza a irse de la sala. Los intérpretes también comienzan a confundir sus roles.
Don Bartolo llama a Rosina, le presenta a Don Alonso y ante la sorpresa de la joven, inicia una lección de canto.
-¿Y a éste qué le pasaaaa...?
Llega Fígaro con el objeto de afeitar al doctor:
-¡Salga, imbécil!... ¿A quién se le ocurre afeitarse en un escenarioooo...!
Mientras Fígaro se dispone a afeitar a Don Bartolo, ante el estupor de todos se presenta Don Basilio.
-¿Este quién era? –pregunta alguien del público.
Fígaro sigue afeitando a Don Bartolo, mientras los enamorados conciertan la fuga para la noche, pero son sorprendidos por el tutor. Se origina un escándalo:
-¡Mascalzoneeeeee....!... -¡Stronzoooo!... -¡Porco di merdaaaa!...
En medio de una enorme confusión, Fígaro y el conde quieren huir por la puerta al mismo tiempo, con tanta mala suerte que quedan trabados en el marco: el decorado tiembla.
Rosina insulta al conde, pero ante la desesperación del apuntador cambia rápidamente y decide enamorarse de él. Esta escena es interrumpida por Don Basilio, quien regresa para unir en matrimonio a Rosina y a Don Bartolo, pero ante la sorpresiva aparición de una pistola, se ve obligado a casar a Rosina y al conde. Rosina se niega: prefiere al anciano.
-Io prefiero malo conociiiidooooo...
El conde reprocha a Don Basilio por haberlo traicionado. Todo concluye en medio de un general quilombo:
-¡Ahhhhh....! -¡Ohhhhh....! -¡Uhhhhh....! -¡Doink!.. -¡Spam!... -¡Pum!...
Don Bartolo es despedido a la platea de un trompazo. Cae arriba de una señora que lanza un alarido. El barbero, consustanciado con su papel, desciende también a la platea y sigue afeitando al viejo. El conde abraza a Rosina, a quien se le cae la peluca, revelando que es un hombre. El público chifla. Se encienden las luces de la sala. Debido al sarao, la gigantesca araña de diez mil lamparitas se zarandea. Caos. Desde uno de los palcos salta ágilmente un hombre vestido con capa y una máscara: es el fantasma de la ópera. El conde lo baja de un pistoletazo. El público aplaude de pie y pide por el autor, ignorando que murió hace más de un siglo. Igual le dan con el gusto y traen sus huesos del cementerio. El olor nauseabundo provoca un desbande general...


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7 Marzo 2007 | 06:23 PM