TE ARREGLO LA CASA
Hola. Soy Démeter O’Reilly y me dedico a embellecer los hogares con un nuevo concepto de diseño. A redecorarlos con el buen gusto que dios me dio y con el mínimo gasto. ¿Les gusta la propuesta de Te arreglo la casa? Hoy quiero mostrarles cómo rediseñé el interior de la de los Mansfield, en Villa Jersey, California. No se pierdan las imágenes ni los gestos de sorpresa de los Mansfield cuando vieron que su lamentable casa quedaba transformada en algo más digno, más vivible... ¿Cómo? ¿Está mal dicho vivible?..
(Imágenes de la vivienda de los Mansfield desde el exterior. Inmediata aparición de Démeter delante de la cámara)
“Esta es la casa de los Mansfield. ¿No está mal, no? Pero si la vieran por dentro se matarían de la risa: es un asco. El colmo de los kitch... “.
(Se abre la puerta de la casa y salen sus ocupantes a saludar al conductor del programa)
“Aquí vienen los Mansfield. El gordo es el jefe de la familia.... La narigona es la mujer. ¿Cómo le va, mister Mansfield? Señora, chicos... je, je... Bienvenidos a Te arreglo la casa. ¿Nos invitan a pasar? Claro que sí...”
(Los Mansfield, Démeter y el camarógrafo entran a la vivienda)
“Esto se supone que es el living, ¿no? Muy bien, veamos, veamos. ¿Qué es esa lámpara de pie tan fea, con flecos?... ¿Cómo? Ah, es la abuela... Mucho gusto, señora”.
(Démeter recorre el ambiente, toca todo. Pasa a los dormitorios, a la cocina, al baño. Husmea, palpa, pasa el dedo por las superficies, pone cara de asco)
“Bueno, ya tengo el diagnóstico. ¡Manos a la obra!”.
(Imágenes de los Mansfield, incluyendo a la abuela, recorriendo un mercado de pulgas bajo la guía de un exultante Démeter)
“¡Pero vean esta cómoda...qué porquería...!... No, no se lo dije a usted abuela porque se haya sentado. Se entiende que esté cansada. Disculpe... je. Sigamos caminando”.
(Los Mansfield siguen los pasos de Démeter de aquí para allá, con cara de cansancio)
“Vean este sillón estilo Luis XV todo tapizado en pana y con patas de peteribí. ¿Cómo? Ah... acá el vendedor me dice que es Luis XVI....bueno, muerto el rey viva el rey... je, je. ¿No es peteribí? ¿Cedro? Bueno, me había parecido. ¿Pana tampoco? Bueno, parece que hoy no pego una... ¿Cuánto vale? ¿Tres mil dólares? ¡Una bicoca! Mister Mansfield, hágale un cheque... ¡Eso es! Bueno, sigamos viendo”.
(La delegación sigue su camino por el mercado de pulgas. Mister Mansfield tiene cara de fastidio y le habla en el oído a su mujer. Los chicos se pierden entre los puestos y reaparecen de pronto cuando ya se los daba por perdidos. La abuela continúa sentándose en cuanta silla encuentra. Démeter está feliz como una mariposa...)
“¡Pero miren lo que encontramos aquí! ¡Un juego de dormitorio estilo gregoriano, con aplicaciones de bronce! Es ideal para su casa, mister Mansfield, así se deshace de esa cama de mier.. esa cama ordinaria que tienen. No, no me mire así todo espantado. Hágame caso y cómprese este juego, le va a pegar bien con los cortinados damasco. Si, ya sé que los suyos son blancos, pero hay que comprar unos color damasco...¿Cuánto señor vendedor? ¡Cinco mil dólares!... Epa, ¿y si nos hace una rebaja acá para Te arreglo la casa y para los Mansfield, que es una pobre gente...? No me mire así señora Mansfield, lo digo para conseguir un descuento, je, je... ¿Cuánto? Cuatro mil novecientos noventa me parece bien. Hágale un cheque mister Mansfield...”.
(La trouppe sigue de gira. La abuela es llevada en andas por mister Mansfield).
“Ahora déjenme a mí, ya vuelvo”.
(Démeter abandona a la familia y se interna entre los puestos. Al rato regresa jubiloso con un sifón color verde, dos lámparas de cerámica azul para la mesita de noche, un tapiz de grandes dimensiones con la imagen de Enrique IV de Francia y otros objetos raros y diversos. Mister Mansfield tiene un acceso de ira que a gatas reprime su mujer con una trompada a la altura de los riñones).
“Ahora sí, mister Mansfield. Hágame el último cheque por siete mil dólares y se acabó. Su casa va a quedar como nueva”.
(El hombre firma y se queja de un dolor en el pecho y en el brazo. La abuela se indispone por el calor y uno de los chicos se pierde para siempre. Llega la ambulancia y se los lleva. Démeter se queda con la señora Mansfield tratando de consolarla mostrándole el sifón y las lámparas...)
(Tanda)
(Regresa el programa. Primer plano de Démeter ante la puerta de la casa).
“Y ahora señores, el milagro. ¿Se acuerdan lo que era esto? ¿De la vulgaridad, el mal gusto de esta familia? Bueno, ahora agárrense fuerte”.
(Abre la puerta de la casa y entra con el camarógrafo. La decoración cambió por completo).
“Que pasen los Mansfield”, invita Démeter.
(Bajan dos camillas de una ambulancia. En una viaja mister Mansfield, con suero. En la otra la abuela, con una mascarilla de oxígeno. Después la señora Mansfield, de luto por la pérdida de uno de sus hijos, y luego los otros vástagos. Todos entran a la vivienda. La recorren con los ojos desorbitados. La cámara enfoca luego a Démeter).
“¿Y qué les pareció?...¿Cómo? ¿Qué se parece a la casa de los locos Adams? ¡Pero qué dicen!....¡Cuánta ingratitud! Haber sabido... No hay caso, este programa a veces es como tirarle margaritas a los chanchos...”.
(La señora Mansfield, en un arranque de furia, estrella el sifón decorativo en la nuca de Démeter, quien cae al piso sin sentido).
(Tanda)
(Regresa Démeter desde estudios)
“Bueno amigos, esta fue una emisión más de Te arreglo la casa. Espero que les haya gustado Los Mansfield no supieron disfrutar de su nueva vivienda y optaron por venderla. Es como siempre digo: el que no tuvo cuna se cae de cualquier catre, je, je... Los espero el martes para una nueva entrega. Hasta pronto).



silvina dijo
No, gracias no arregle nada , esta vez paso .Jajaja por ahora no la quiero vender. Soy conservadora. Cariños
26 Enero 2007 | 05:54 PM