La Coctelera

EL ENMASCARADO NO SE RINDE

Seis años y medio...

10 Enero 2006

EL MANCO BENÍTEZ

La idea de encontrarse con el manco Benítez lo sobresaltaba. Su fama de matón despiadado y artero, su apodo de "el mala leche" y su habilidad con el cuchillo, eran un motivo más que razonable para sentirse, al menos, algo intimidado. Pero necesitaba que le den una mano y el manco se la podía dar.
Quedaron en verse una noche en el bar Soraya, un antro del puerto envuelto en penumbras, frecuentado por lo peor de la sociedad: marineros borrachos y pendencieros, sujetos del hampa, algunos gurkas establecidos en el país después de la guerra de Malvinas y hasta abogados. Rafael hubiera preferido un sitio más seguro, como la confitería La Paz, en pleno centro, o el McDonald’s de Corrientes y Carlos Pellegrini. Pero el manco fue quien puso las condiciones y no tuvo más remedio que aceptarlas.
Benítez tenía toda una historia detrás, como no podía ser de otra manera. Una historia de muertes: primero sus abuelos, después sus padres, algún primo hermano… Y algunos pesares propios que lo martirizaban: el asma, el pie de atleta y cierto grano aparecido en un lugar inconveniente.
Pero pese a esas debilidades imponía respeto con su sola presencia, con su cuerpazo y, sobre todo, con su timbre de voz, que más que timbre era una bocina rutera.
Rafael ingresó al Soraya a la hora convenida, las dos de la madrugada, con todos los temores del caso. Enseguida lo rodearon las miradas acosadoras de los parroquianos, en especial las de un grupo de marineros noruegos que lo penetraban como agujas de acupuntura. Acobardado, guardó en forma rápida la boquilla nacarada que estaba a punto de colocar sobre el filtro de su cigarrillo: no quería dar señales equívocas a aquella platea de lobos.
También se quitó el aro con piedritas del lóbulo de su oreja izquierda, la pulsera de identificación, el anillo "chevallier" de su dedo meñique derecho, el brillo de sus labios y el clavel rojo que lucía en su solapa, pese a que el manco le pidió que se identificara de esa manera para poder reconocerlo.
Mientras Rafael se "virilizaba" a la velocidad del sonido, entró el manco. Rafael supo que se trataba de él por razones obvias.
Aquella montaña avanzaba entre las sillas y taburetes buscando con la mirada el clavel rojo en todas las pecheras. De pronto reparó en la dalia (para el manco todas las flores eran iguales) que asomaba del cabello de "la diosa Gutierrez", un travesti habitué del Soraya, y se dirigió hacia allí. La diosa puso cara de ganarse la lotería cuando lo vio venir, pero dos segundos después de la tercera trompada apareció Rafael aclarando la situación.
-Manco, yo soy Rafael.
-¿Y el clavel? –respondió Benítez con cara de pantera en celo.
-Me lo quité –explicó mientras lo buscaba dentro de sus bolsillos– Aquí está.
-¡Ah!... –exclamó el manco- eso es un clavel.
-Sí, normalmente son así.

El manco siguió a Rafael hasta la mesa con la misma lentitud con la que había ingresado al local, como si arrastrara un peso. En efecto, la manga vacía de su chaqueta se había enganchado a una de las sillas de los marineros noruegos. La silla estaba ocupada por uno de los vikingos, quien en su desesperación por no caer hacia atrás, se agarró de su compañero más próximo, y éste del próximo, y así sucesivamente hasta formar un trencito de sillas caídas y marineros desconcertados, quienes inexorablemente acompañaron el paso del manco cual monaguillos la cola del traje de una novia.
Sin darse cuenta del escombro, el manco acabó con el suplicio de los marineros recién cuando se quitó la chaqueta y la colgó del perchero. Mientras los rubios huían despavoridos del bar, Benítez se sentó a la mesa y golpeó el puño contra la madera: ese era su código para llamar al mozo. El camarero, un anciano calvo y flaco, dio un salto olímpico desde el mostrador y se plantó ante la mesa del manco.
-¿Lo de siempre? –consultó con terror, mientras la transpiración le bañaba la musculosa de frisa que llevaba como uniforme.
-Lo de siempre –contestó el manco fijando su vista en las retinas del mozo como si le estuviera practicando un fondo de ojo.
Paralizado por aquellas acciones y ese despliegue de fortaleza inhumana, Rafael apenas tuvo tiempo de imaginar la naturaleza del pedido. Se le ocurrió una bebida innombrable, atómica, infernal. Un cóctel donde el alcohol estaría en tales proporciones que cualquier aguardiente, en comparación, sabría a leche materna. Y hasta supuso que del brebaje saldría humo como ocurre en las películas de terror.
-Escuche, manco –comenzó a decir Rafael-. Me hablaron mucho de usted y creo que es la persona indicada para cierto trabajito.
Benítez lo escuchaba, pero no lo miraba. Estaba atento a las evoluciones del mozo detrás del mostrador, cuya cabeza aparecía y desaparecía en forma intermitente. Defraudado por su lentitud, aunque solo habían pasado unos segundos, volvió su rostro hacia Rafael para contestarle.
-¿Qué trabajito?
-Guardián en una disco. Necesito uno con urgencia, bien guapo, como usted, para poner en su lugar a una pandilla que me está volviendo loco…
El manco volvió a distraerse con las peripecias del mozo, quien buscaba vaya a saber qué ingrediente en la heladera. Ahora sí, estaba tardando. Y esa certidumbre, que en otro contexto habría pasado inadvertida, inquietó también a Rafael. Y a la concurrencia del Soraya.
-¿Qué le parece? –retomó el monólogo Rafael, tratando de anticiparse a la explosión de furia que se avizoraba- ¿Trabajó alguna vez de personal de seguridad?
El manco volvió a clavar sus ojos oscuros en las pupilas celestes de Rafael, pero no le estaba prestando atención:
-¿De qué tren me habla? Yo no soy ferroviario –dijo molesto.
-¿Ferroviario? ¿Quién dijo ferroviario? –contestó Rafael con un temblor en los labios y una sonrisa forzada.
-¿Se burla usted? –gritó entonces el manco- ¿Me hace chistes usted? ¿Quién es usted? –estalló Benítez con su típico timbre de voz. Los decibeles de su registro hicieron tambalear algunas botellas del mostrador y hasta cayó al suelo una pila de platos.
-Manco, usted no me entiende. Yo... –intentó explicar Rafael al mismo tiempo que el anciano mozo se encaminaba, por fin, a la mesa con el pedido en la bandeja.
-Yo, yo, yo –repitió Benítez- Yo, yo, yo... ¿a qué juega usted? ¿Quién es usted? ¿Qué le pasa, compañero? –vociferó cuando, por fin, el camarero apoyó la bebida del manco sobre la mesa con exagerada lentitud para que no se derramara ni una sola gota.
Fue entonces cuando Rafael advirtió que el brebaje tan temido era una leche chocolatada.
-¡Pero qué es esto! ¡Qué trajiste, animal! –bramó el manco. Rafael pensó que el mozo quería suicidarse sin esfuerzo propio y una hebra de pena le atravesó el alma. No quería ver los próximos acontecimientos e hizo un amago de ponerse de pie. Pero el manco se le adelantó:
-¡Usted se queda ahí! –le ordenó con su bocina rutera- Se levantó de la silla y tomó al mozo por las solapas hasta alzarlo unos treinta centímetros del suelo, mientras le gritaba en la cara:
-¿¿Y el sorbete??...¡Te olvidaste la pajita!!!…

Tags: humor

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Lucas

Lucas dijo

Pero... y el cojo al fin aceptó o no el trabajo como pandillero ferroviario?

10 Enero 2006 | 04:33 PM

Garrik

Garrik dijo

El ciego no quiso saber nada y se terminó yendo con la diosa Gutiérrez.

10 Enero 2006 | 04:40 PM

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EL ENMASCARADO NO SE RINDE

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BREVE SINOPSIS DEL PAPAGAYO

El papagayo es un ave trepadora, aunque todavía no pudo desbancar al león como rey de los animales. En algunas regiones recibe el nombre de “grillo con plumas” por su canto repetitivo y monótono, “cacatúa de Nicaragua” por ser originaria de ese lugar, y “Evair Ochoa”, por su parecido con cierto futbolista brasileño del pasado. En la antigüedad era objeto de todo tipo de homenajes ya que se lo consideraba un ave sagrada y con influencias en la corte celestial. Se cuenta que los mayas lo adoraban, sobre todo después de prepararlo al horno de barro.
Los poetas del medioevo le han dedicado varias coplas lastimeras, calificadas así no tanto por su tono melancólico sino por su baja calidad.
Papas y reyes tuvieron papagayos como mascotas. Francisco I de Francia tuvo un papagayo como consejero real, aunque hay historiadores que sostienen que en realidad se trataba del conde de Anjou. El Papa Urbano I, llamado así por haber nacido en una ciudad, también apreciaba mucho a estos animales e inclusive llegó a organizar “riñas de papagayos”, las cuales comenzaban después que se hacían públicas ciertas intimidades de la especie.
En el escudo de Indonesia figura un papagayo de siete colores, algo que todavía resulta inexplicable hasta para los propios indonesios.
Durante la primera Guerra Mundial, después del lanzamiento de gases tóxicos, los papagayos fueron perseguidos casi hasta el exterminio por los ejércitos francés y alemán por considerarlos los causantes del conflicto armado.
Una leyenda de Nueva Guinea, que aún se mantiene viva, refiere que el mundo se creó a partir de un huevo de papagayo, muy posiblemente el derecho.
En el jazz moderno algunos músicos utilizan papagayos en sus orquestas para despertar al público al finalizar sus largas improvisaciones.
En los hospitales es proverbial el uso de estas aves para que los varones puedan desagotar sus riñones, tarea que las ennoblece. Según los ornitólogos, el papagayo es pariente del loro, aunque él no lo sabe.

CANJES

Tarántula negra y lustrosa. Muchas patas. Por antídoto contra veneno de arañas. Urgente.

Pesos por dólares. Hasta 3,15 pago. Segundo arbolito de Corrientes, viniendo por Suipacha. Mano derecha.

Mujer rubia y de ojos azules. Pechos enormes. Culta, fina. Situación económica asegurada. Setenta jóvenes velitas. Por mina de veinte, poco uso.

Pollo vivo, grande. Con plumas. Come boludeces: no problem. Caga sobre papel de diario. Por destornillador o Victorinox usado. O cualquier cosa.

Libro de Bryce Echenique por cualquier otro, siempre que sea original. Pago diferencia.

Reproductor de magazines de Rambler Classic por reproductor de cassettes de Peugeot 405. Regalo magazines de Donna Summers y Bee Gees.

Colección revista Billiken por dos o tres años de revista Penthouse o Playboy. Mandar mensaje de texto.

Reproductor de cassettes de Peugeot 405 por reproductor de CD de Fiat Tempra. Regalo cassettes de Pet Shop Boys y Cristina Aguilera.

Dos libros de Heiddeger y uno de Derrida por ejemplares del diario deportivo Olé correspondientes al mundial de fútbol pasado.

Reproductor de CD de Fiat Tempra por reproductor de MP3 de Citroen C4. Regalo cd’s de Blur y La mona Jiménez.

Milanesas de soja. Varias bandejas. Por dos kilos de asado de tira cortado al medio.

Citroen C4 chocado. Tiene arreglo. Por pierna ortopédica y ojo de vidrio. Regalo reproductor de MP3.

EL AMIGO INVISIBLE

Mis respetables amigos, casos y cosas. En Bolundia, tu pueblo y el mío, hay una especie de mantarrayas que come hojas de laurel. Este pescado, porque hay que llamar a las cosas por su nombre, facilita de esa manera la digestión que sigue a la pesca, porque entonces ya se encuentra aderezado. Hay algunos –siempre existe gente disconforme con todo- que argumentan que no es un pescado para comer porque es más duro que la mierda. Bueno, a ellos les digo que peor es comer esos chorizos roñosos que comen antes de entrar a la cancha. Bueno, hoy hemos viajado por el mundo de la gastronomía y la naturaleza, así que pueden quedarse satisfechos. Les habló el amigo invisible.

REFLEXIONES

*“Vade retro Satanás” no es una frase de amor que te hará ganar nuevas conquistas.

*Si quieres saber si aun eres adolescente solo tienes que contar cuántas veces dices la palabra “boludo/a” por día, cuántas “chabón” y cosas así.

*Nunca fumé, pero ahora que no se puede fumar en ninguna parte he decidido empezar a fumar. Yo soy así de rebelde. Es más: hasta una vez me puse una camiseta que decía “Vivan los Redondos”...

AVISOS GUGUEL

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*L’Apart Tusa, tú lugar. El sitio donde pasarás un momento inolvidable con ella, o con él, o con los dos juntos. L’Apart Tusa cuenta con todos los elementos para que disfrutes de tu intimidad: colchón de agua, espejo en el techo, jacuzzi, toallas, chancletas, música funcional, radio AM y máquina de escribir. L’Apart Tusa ha sido aprobado por los públicos más exigentes y distinguido con la cinta azul de la preservatividad. L’Apart Tusa, tú lugar en el cosmos. Llamanos. No, mejor vení que se acaba...

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*Convento solicita monjas con hábitos de higiene y provisiones de polvo pédico. Enviar carta manuscrita a la Congregación de las Carmelitas Descalzas.

FRASES Y DUDAS SURGIDAS SOBRE EL INODORO

*No desearás a la mujer de tu prójimo, sobre todo si se viste con batón y tiene los talones encallecidos.

*Soñaba con ser pastor, como su perro.

*Es ateo: no cree en la existencia de los curas.

*Tanto va el cántaro a la fuente que al final se pudre.

*¿Cómo harán los sordomudos italianos para comunicarse por señas con los sordomudos finlandeses?

*Era perseverante. Quería vender diarios en la calle y lo consiguió.

*Si Nueva York es el ombligo del mundo, ¿qué vendría a ser la isla de Cuba?

*Su única condición deportiva era que tenía pie de atleta.

*Quiso saber si la pluma y el acero pesaban igual al caer en el vacío pero se olvidó de retirar el pie.

*Es tan moderna que la única enfermedad que padece son los ataques de pánico.

*Cuidate de las malas lenguas porque pueden arruinar tu vitel thoné.

*En el amor a veces hay que decir un “te quiero”. Aunque nos repugne la idea.

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