Categoría: Reportajes
5 Octubre 2009
Hoy está con nosotros la afamada experta en razas caninas Pastora Alemán, quien nos contará algunos secretos del mundo de las mascotas, que no queda tan lejos de aquí, je... Así que, señora, deje lo que está haciendo y siéntese para ver y escuchar esta nota que va a estar muy interesante. Antes que nada Pastora, gracias por estar aquí…
-De nada.
-Gracias por venir…
-Lo mismo digo.
-Pastora, la primera preguntita. ¿Cuántas razas de perro hay? Si alguna vez se las contó, claro…
-Muchas. Y no exagero. Son tantas que los especialistas que las rastrearon por el planeta terminaron agotados y acabaron por rendirse.
-¡Qué interesante!...
-No crea. Hay cosas más…
-Hablando de razas…el pequinés, ¿de qué lugar es originario?
-Como su nombre lo indica, de Pekín.
-¿La India?
-Exacto.
-¿Y el chihuahua?
-De México, creo. O de Noruega, no estoy segura. No vine preparada. Lo que si le puedo decir es que estos animalitos antes eran devorados por los hombres ya que los consideraban un manjar exquisito… Bueno, esa costumbre, por suerte, fue abandonada y hoy ya no se practica. Se perdió para siempre la degustación de aquel plato de reyes, sabrosísimo, un poco salado quizás…
-Pastora, ¿qué me dice de los siberianos?
-¿Qué pasó?
-Hablo de los perros siberianos.
-¡Ah!, que tonta… Los siberianos, ¿esos que tienen los ojitos celestes, no? Bueno, es un perro muy fiel… Está considerado, le cuento, el mejor amigo del hombre…
-Pero…
-Si, si… Lo he oído en alguno de los foros a los que asistí y hubo gente, no digo toda, “gente” (gesto con los deditos) que dijo “es el mejor amigo del hombre”… ¡La pucha! La frase me pareció hermosa y es bueno que usted me haya hecho ahora esta pregunta…
-Pastora…
-Porque no quería que ese recuerdo muriera conmigo, la verdad. Es más: no me quisiera morir nunca, vio cómo es la vida, ¿no?... Con plata mejor, claro, pero de todos modos…
-Pastora, no se vaya por las ramas… Hablemos del dogo, ¿qué le parece?
-Como propuesta de conversación, poco atractiva… Pero ya que estamos aquí… Bueno, esta raza tiene dos ramas: el dogo común o tradicional, de toda la vida, que va a Quilmes, y el dogo argentino, una especie nueva y muy codiciada, que va a Temperley. El común ya sabemos que es un perro muy fiel, amigo del hombre, pastor de ovejas y muy guardián.
-¿Y el dogo argentino?
-También.
-…
-…
-Unas palabras para el dobermann.
-¿Se murió?...
-Algún dato. Algo…
-Buen perro el dobermann. Algo discriminado por su color, pero buen animal. Y le aclaro que es un mito eso de que el cerebro le crece y el cráneo no, y que por eso hay que arrojarlos a la basura a los cuatro años y medio. En realidad es al revés: le crece el cráneo y el cerebro sigue igual, pequeño, chocando contra las paredes. Por eso algunos se vuelven locos y otros se van al sur, al Bolsón o al Uritorco, depende…
-¿Por qué cuando son cachorros le cortan las orejas y se las pegan con cinta a la cabeza?
-Un dobermann me hizo la misma pregunta, muy angustiado.
-Pastora… Sáquenos de esta perplejidad. ¿Hay algún perro que sea más bueno que Lassie?
-No.
-Claro, claro… A ver, a ver…. Acá nos llegaron algunos mensajes de los televidentes. ¿Se anima a contestarlos?
-No me parece un acto tan valiente, la verdad…
-El benji, dice… ¿Qué raza viene a ser?
-No hablemos de razas, por favor, a esta altura de la historia…
-A ver ésta otra… ¿Qué me dice del San Bernardo? ¿Es cierto que siempre lleva consigo un barrilito con whisky colgado al cuello?
-Es uno de los problemas que todavía no hemos podido resolver: el alcoholismo de este animal. Estamos investigando para saber quién le vende el barrilito, porque creemos que no hay que penar al consumidor. Pero hay una mafia muy grande que se dedica a eso, la verdad… Y si seguimos buscando no sé adónde vamos a llegar... Y hablo de arriba, bien arriba….
-¿Le parece?
-Si, si… Arriba, arriba…
-¿Arriba? ¿Dónde?
-Arriba de la montaña, claro…
-Ah.
-Y si…Qué calor hace en el estudio, ¿no? Me permite esa revista para abanicarme, Carrizo.
-No soy Carrizo. Soy Badía.
-Disculpe.
-Una última consulta. ¿Es cierto que el Rottweiler es tan peligroso?
-¿El qué?
-El Rottweiler
-Ah!... No le entendía la pronunciación. ¿Es alemán, no? Bueno, esos perros son bravos, son bravos, la verdad… Yo le diría que no los ponga a cuidar jardines maternales y esas cosas porque de golpe ven un nene y piensan que es un paquete de Eukanuba. Hay que tratarlos con manos de seda y con pie de plomo. Hay que ternerlos cortitos, con la soga cortita, y no darles la mano porque se toman el codo… Se morfan el codo, en realidad…
-Bueno. Gracias por las explicaciones, Pastora. Y esperamos verla de nuevo por aquí muy pronto.
-Encantada. Eso si, me gustaría alguna vez hablar de temas más existenciales...
-Bueno, pero usted es veterinaria…
-Me refiero a la lombriz solitaria, el gato encerrado… en sí mismo, el perro del hortelano, el pato criollo… y esas cosas, ¿vio?
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17 Junio 2008
No te oí... En los días del silencio atronador.
No te oí junto a las madres del dolor,
no sonaste ni de lejos, por los
chicos, por los viejos olvidados.
No te oí... Puede ser que ya no estoy oyendo bien,
pero al borde de las rutas de Neuquén,
no te oí mientras mataban por la espalda a mi maestro.
Y entre nuestros cantos desaparecidos
yo jamás oí el sonido de tu tapa resistente,
que resiste comprender que hay
tanta gente
que en sus pobres recipientes sólo guarda una ilusión.
Cacerola de teflón, volvé al estante,
que la calle es de las ollas militantes,
con valiente aroma de olla popular.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a sonar con los tambores militares
como tantas veces te escuché sonar.
No te oí... cuando el ruido de las fábricas paró,
cuando abril su mar de lágrimas llenó.
No te oí con los parientes del diciembre adolescente, asfixiado.
No te oí. Puede ser que mis oídos oigan mal,
pero no escuché en la exposición rural,
reclamar por el jornal de los peones yerbateros,
por la rentabilidad de los obreros,
por el tiempo venidero, porque venga para todos.
No te oí ni te oiré porque no hay modo
de juntar tu avaro codo con mi abierto corazón.
Cacerola de teflón, volvé al estante
de los muebles de las casas elegantes
que las cocineras te van a extrañar.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a sonar en los conciertos liberales
como tantas veces te escuché sonar.
No te oí en el puente de Kosteki y Santillán
No te oí por el ingenio en Tucumán.
No te oí en los desalojos ni en los barrios inundados de este lado.
No te oí, en la esquina de Rosario que estalló
Cuando el ángel de la bici se calló
y sus ángeles pequeños se quedaron sin comida.
Y jamás te oí en la vida repicar desde acá abajo
por un joven sin trabajo, a la deriva.
Debe ser que desde arriba,
desde los pisos más altos
no se ve nunca el espanto y las heridas.
Cacerola de teflón, volvé al estante.
Yo me quedo en una marcha de estudiantes
donde vos nunca supiste resonar.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a llenarte de los más ricos manjares
que en la calle no se suelen encontrar.
Gracias, Ignacio Copani.
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9 Enero 2008
Amílcar Amaya Pérez es uno de esos pocos hombres, muy pocos la verdad, a los que se conoce a los pocos minutos de cambiar algunas palabras. Basta con preguntarle el nombre. Y que él conteste, porque a veces su sordera le impide oír bien.
Es inquieto y sencillo. Habla, gesticula, se rasca y sonríe con la misma rapidez con que se mueven sus pequeños ojos vivaces. Viéndolo, uno entiende porque le dicen “el monito” desde la infancia y aún hoy, a sus 82 gloriosos años.
A poco de comenzar la entrevista se introduce de lleno en el tema con desenfado y habilidad, solo guiado por su entusiasmo y la palma de las manos.
-Permisoooo… -dice con atrevimiento y caradurez.
-¡Cómo no, amigo! –contestamos para animarlo- Nos encanta su desenfado. ¿Cómo es posible tanto entusiasmo a su edad, cuando se debería estar pensando en la muerte?
Sus ojos vivaces se pusieron vidriosos. Pensamos que iba a lagrimear pero solo acababa de colocarse los lentes.
-Es que los reportajes me vuelven a la vida, como los que me hacían cuando era presidente del club Amigos son los Amigos, ya hace tanto que no me acuerdo…
-¿Eso fue cuándo…?
-Le dije que no me acuerdo.
-A usted le tocó hacerse cargo de la institución en un momento muy difícil. Como se dice habitualmente, le tocó bailar con la más fea…
-En efecto, joven. En la comisión solo quedamos yo y mi secretaria, la pobre Gertrudis. Pero ella no era la más fea sino la esposa del cantinero, como siempre ocurre..
-¡Es cierto!... ¿Por qué será eso?...
-¡Y yo qué sé!
-Mientras estuvo en la conducción le dio prioridad a unos pocos deportes y postergó otros. ¿A qué se debió esa elección?
-A la falta de pelotas: no alcanzaban para todos. Pero para que no decayera el ánimo se me ocurrió alegrar las noches con la apertura de un night-club en la cantina. Fue un gran éxito, pero hubo que suspenderlo…
-Problemas con los padres…
-Sí: no los podíamos sacar del local.
-Usted también fue el creador de la primera colonia infantil
-Así es. Se formó un grupo buenísimo, muy divertido. Lástima que los padres no daban permiso a sus hijos para que salieran de excursión
-Cosas de la patria potestad...
-¡No meta a la patria en estas cosas!
-Digo que los padres son los que, en definitiva, tienen la última palabra.
-Es cierto. Lástima que siempre era la misma: …”No”.
-Si lo que nos contaron es cierto, usted fue presidente de un club deportivo, pero nunca practicó deportes. ¿Es así?
-Es verdad. Nunca tuve deseos ni presencia física para los deportes. Si hasta caminaba como pisando huevos y con las patas arqueadas… Tenía callos, eczemas en los pies. Un asco, vea…
-¿Ahora no?
-Ahora no camino, muchacho.
-Don Amílcar, ¿recuerda alguna anécdota de entonces?
-Cómo no. Me acuerdo como si fuera hoy cuando fui a ver al intendente para que nos diera una pequeña ayuda económica porque el club se estaba cayendo a pedazos. En cuanto se enteró de que lo quería ver, le dio orden a su secretario para que me hiciera pasar enseguida a su despacho. Y allí entré yo, nervioso y balbuciente. Y él me dijo “tome asiento, amigo. Tranquilícese”. Y esas palabras me tranquilizaron bastante…
-Qué bien.
-Entonces tomé coraje y le conté el objeto de mi visita. Recuerdo que terminé de hablar y él no me contestó enseguida. Hubo un silencio largo, pesado…hasta que se levantó de su sillón, vino hacia mí, me palmeó el hombro y me dijo…
-Qué bien…
-Me dijo “Amílcar, andate a la puta que te pariò”. Eso me dijo. No me lo olvido más.
-¿Y usted que hizo?
-Me fui.
-Claro.
-Y sí.
-Don Amílcar, hablemos un poco de su vida privada. ¿Qué es de sus nietos? ¿Qué le dicen cuando lo ven?
-Abuelo.
-Claro, claro… Eh, ¿su señora vive?
-Es lo que yo me pregunto.
-Bueno, bueno, no lo molesto más. Pero no quiero despedirme sin antes saludarlo. Que le vaya bien en todo y ya nos encontraremos en otra oportunidad.
-Joven, ¿cómo me dijo que se llamaba?
Y allí lo dejamos al viejo patriarca, el gran hacedor del club Amigos son los Amigos, hoy caído bajo la piqueta de los tiempos modernos. Ya no se oyen los botes de las pelotas contra el piso ni las corridas de los más pequeños. Tampoco se oyen los golpes de las brazadas contra el agua de la piscina ni el recorrido de las bolas en las canchas de bowling. No se oye nada. Ni a aquel automovilista que casi me atropella y que ahora me hace gestos sacando medio cuerpo fuera de la ventanilla. Comienzo a sospechar que me he quedado sordo.
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6 Marzo 2007
Llegamos a la casa de ese prohombre del deporte que fue Ciriaco Núñez con el grabador ávido de su voz, de sus recuerdos y de un juego de pilas que olvidamos en un cajón del escritorio. Lo que sigue, entonces, es la transcripción de unos apuntes tomados en birome sobre varias servilletas de papel que su señora nos prestó con gentileza.
Poco sabíamos de Ciriaco antes de entrevistarlo. Su vida futbolística –debido al paso del tiempo- quedó con un pie en la realidad y otro en la leyenda, en una curiosa y endeble posición. Por eso, para evitar errores o una fractura, hicimos preguntas precisas.
Antes de pasar al reportaje debemos decir que, pese a lo delicado de su salud, Ciriaco está entero: no le falta ningún miembro. Y que si bien está postrado en la cama desde hace veinte años y se alimenta con una sonda, tenemos Ciriaco para rato. O para un rato.
Vayamos a la nota:
-¿Cómo se hizo futbolista?
-Me acuerdo que estaba en el buffet del club y vi a esos once jugadores de fierro dándole y dándole a la pelotita que me dije: yo quiero ser como ellos... Pero eso era imposible.
-No se tenía fe.
-No, es que no era bueno para el metegol... Así que decidí ponerme los pantalones cortos y probarme en el fútbol grande.
-¿De donde viene el apodo de “la bordadora”? Suponemos que de las gambetas, de las filigranas y los amagos que tejían su pie zurdo...
-Supone mal. Me decían “la bordadora” porque me gustaba bordar. En las concentraciones mataba el tiempo con el bastidor. He hecho cosas maravillosas... ¿Quiere ver?...
-En otro momento, gracias. Háblenos de aquella final famosa con Uruguay de1924 en la cancha de Sportivo Barracas.
-Ahí jugué el mejor partido de mi vida, lástima que me expulsaron a los cinco minutos.... Pero mis compañeros mantuvieron bien en alto el prestigio del fútbol argentino, aunque hayan perdido cinco a uno.
-Jugaron con honor...
-Si, con olor a aceite verde, que era lo que entonces se usaba para dar los masajes. Pero ellos también, eh...
-Quise decir con honor, con dignidad
-Y con Carpaccio, Robles y Titarelli, Salustiaga, López y Yo; Fasola, Rognoni, Del Valle, Arriaga y Mazitelli. Me acuerdo toda la formación.
-¿Quién era el técnico?
-Mazitelli. Era jugador y técnico a la vez. En aquel tiempo se usaba así, con decirle que el árbitro era el arquero de ellos...
-Un poco irregular, diríamos ahora...
-Muy irregular. La pelota picaba para cualquier lado en esa cancha. ¡Había cada pozo! Del Valle se cayó en uno cuando estaba a punto de marcar un gol, y como fuimos varios de nosotros a sacarlo ellos aprovecharon para marcar de contraataque... ¡Traidores!...
-Cosas del fútbol de antes...
-Si, la puta que lo parió...
-Don Ciriaco, ¿hasta cuándo jugó al fútbol?
-Hasta el 52. Yo quería seguir, pero como ya tenía 48 años y no podía parar una pelota, decidí retirarme. No me querían dejar ir...
-Lo respetaban mucho...
-No me querían dejar ir sin devolver la camiseta. Si no tenían que comprar un equipo completo.
-¿A qué compañeros recuerda con más cariño?
-A la rubia Suárez, el wing izquierdo. En las concentraciones largas era una gran compañía...
-¿Algún mal momento?
-Muchos. Pero el peor de todos fue cuando me hice un gol en contra después de haberme gambeteado a todo el equipo, al mío en realidad. Ya me parecía raro que ninguno me saliera a marcar...
-¿Cómo pudo hacer una jugada semejante?
-Es que me olvidé que en el segundo tiempo habíamos cambiado de lado. Era muy olvidadizo en aquella época.
-¿Sufrió alguna vez una lesión seria?
-Nada importante, excepto aquella fractura expuesta de tibia y peroné que me hice después de chocar contra la mole Vidal. ¿Se acuerda? Era un fullback de San Lorenzo de gran porte y juego recio. Pero a mí no me hizo nada: yo me lo llevé por delante...
-No lo vio.
-Y, si lo hubiera visto no lo habría chocado, muchacho...
-¿Y la mole sufrió alguna consecuencia?
-Urticaria.
-¿Es cierta aquella leyenda que dice que en su época comían tres platos de ravioles una hora antes de jugar un partido? ¿Y que después salían a la cancha y hacían seis goles?
-Absolutamente falsa.
-Ah...
-No eran ravioles, era polenta. Nos encantaba la polenta. Pero cuando nos pasábamos de la medida y nos mandábamos cuatro o cinco platos por cabeza, entonces sí, llegaban los seis goles, pero de los contrarios...
-Todos tenían pancita
-Todos. Con decirle que al cinco nuestro, que era el más delgado, le decían el gordo Funes...
-¿Qué opina del fútbol de hoy?
-Que es una verdadera mierda. Ese Marzolini es un patadura, y no le digo nada de Rattin...
-¡Pero esos jugadores se retiraron hace treinta años!
-No le digo: un desastre...
-¿Algún consejo para los chicos que recién se inician?
-Que coman bien, estudien, no salgan de noche...
-Que se formen como atletas.
-No. Que se dediquen a otra cosa.
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17 Enero 2007
-Bueno Laura, suponemos que estarás muy satisfecha con ésta, tu primera experiencia teatral..
-No es la primera.
-¿Ah no? No sabíamos…
-Ya había actuado en el colegio una vez.
-¡Qué bien!… Pero nos referíamos a tu primera experiencia teatral profesional.
-Ah, sí. Eso sí. Es la primera vez, si descontamos lo del teatro de revistas. No te olvides que tengo letra en algunos sketches con Carlitos Pombo, el gordo. .. Son un poco zafados. ¿Los viste?
-Si.
-Bueno. Si sumamos, entonces… una, dos, tres… es la cuarta experiencia teatral… Digo la tercera...
-¿Y cómo te sentís?
-Muy feliz. Vos sabés cómo es el mundo del espectáculo, el de nosotros los artistas. Enseguida el público y los críticos te encasillan y de ahí no te mueve nadie. A mi ya me habían puesto el cartelito de “cara bonita” y no pensaban que podía hacer algo diferente al teatro de revistas… No saben que también leo, hablo cuatro idiomas…
-¿Hablás cuatro idiomas?
-¿No sabías? Anotá: castellano, italiano por mi abuelo, que era tano…
-Sin embargo tu apellido es Bourgeois…
-Ese es el apellido artístico. El real es Lorenzetti, Elisa Lorenzetti.
-¿Tampoco te llamás Laura?
-No. Y además domino el inglés y el francés. Bueno… dominar, dominar, no… Pero los entiendo bastante. No todas las palabras, claro. Si me hablás en difícil y rápido, no. Pero algo entiendo.
-Contanos cómo te estas preparando para el estreno.
-¡Ni te imaginás lo que hago! Estudio actuación con Facundo Suburbié, vocalización con Florencio Lenoir, danza con Patricia Manzané, cosmética con Lucrecia Val, zapateo americano con James Gardner…
-¡Epa…!…¿Hacen falta tantas especialidades?..
-Es que soy muy exigente conmigo misma. Además no dejo de ir al gimnasio ni a pilates. Y tampoco olvido mis baños de crema porque quiero que el público me vea bien. Yo respeto mucho al público…
-¿De qué se trata la obra? Porque hasta ahora todo se mantiene en secreto.
-Solo me autorizaron a decir que es una de Shakespeare, una de acción.
-¿Cómo de acción?
-De acción… un thriller.
-Nos desorientás usando ese lenguaje cinematográfico. ¿No podés darnos otra pista?
-Creo que se desarrolla en el pasado, un montón de años atrás… Más no puedo decirte. Espero que con esos datos hayas adivinado el título.
-Lo pensaremos, claro…¿Ya habías leído algo de Shakespeare?
-Todo. Me leí todo. Me encanta como escribe esa mujer.
-Bueno, bueno… Dejémoslo ahí. ¿Pensás que las funciones de teatro no interferirán con tu trabajo en la televisión?
-No lo creo. En “Cagate de risa, boludo” grabamos los sketches los martes. Es solo un día a la semana. Y en “La puertita de atrás”, el programa de automóviles, solo hago las presentaciones, los copetes… No, no creo que interfiera con la tele.
-Laura, hablemos un poquito de tu vida sentimental. ¿Estás saliendo con alguien? ¿Estás sola? ¿Volviste con Leandro Dutra?… Contanos.
-Estoy sola, bien solterita. Con Leandro quedamos muy amigos. Si hasta viene a casa todas las noches y se queda a dormir… ¡Pero en camas separadas, eh!…
-¿Y cuánto durará la soltería? Sabés que los hombres sueñan con vos…
-Es que yo no puedo dejar de seducir, pero lo hago sin darme cuenta. Es natural en mí. A veces me propongo ponerme fea, bien fea, y salir a la calle para que nadie me reconozca. Pero no puedo. Enseguida escucho “¡Ahí va Laura Bourgeois, la rubia del tapado de piel y los zapatos rojos!”… Yo no tengo la culpa…
-El día que vuelvas a encontrar tu pareja, ¿cómo te gustaría que sea?
-Yo busco un hombre que sea inteligente, franco, dulce, bueno, sincero… Que me quiera y me mime mucho, y que no se moleste si me ve desnuda en una revista. Que sepa que ése es mi trabajo.
-¿Y el aspecto físico?
-Prefiero a los hombres altos, morochos y con el cuerpo trabajado. Con voz gruesa y barbita al ras, ¿viste?…
-Esa descripción no se parece en nada a la de Aarón Hirschfield, el empresario con el que estuviste conviviendo tres años: es gordo, pelado, bajito, tiene la voz finita, está enfermo…
-¿Viste como es el amor? Una busca un ideal y se termina enamorando del opuesto…
-¿Es importante que tenga dinero?
-Nunca me interesó el dinero. Si lo tiene, bienvenido. Si no, no importa.
-Sin embargo, hasta ahora solo saliste con empresarios o actores famosos.
-Es que una vive encerrada en ese mundo. Eso no quiere decir que mañana no me enamore del portero o del plomero. Yo soy así…. ¿Ese reloj es un Rolex, no?…
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17 Diciembre 2006
Marcos César no es de aquellos pintores que rechazan la crítica, pese a que la crítica a veces se ensaña con él y lo deja inconsciente en el piso. ¿Qué es lo que molesta de Marcos César? ¿Su arriesgada postura artística? ¿Acaso sus extravagancias como concurrir a las exposiciones desnudo y para colmo sin afeitarse? ¿Su impericia con el pincel? ¿Su ignorancia? ¿Su daltonismo? Como sea, tratamos de descifrar ese enigma en esta entrevista donde se nos mostró tal cuál es y luego se vistió ante las protestas de nuestra fotógrafa.
-Marcos, permítame que le diga Marcos. Marcos, decía, la conmoción que despiertan sus exposiciones nos recuerdan el escándalo que provocaron los impresionistas en su presentación en sociedad. ¿Se siente identificado con ellos?
-¿Quiénes son los impresionistas?
-Hablo de Monet, Renoir, Pissarro...
-No sé nada de fútbol francés, disculpemé.
-Advierto su ironía, su fina ironía, je, je... Típica de un artista plástico...
-¿De un artista de plástico? Diga lo que quiera pero yo ya soy inmune a las críticas. Por suerte el otro día salió publicada en el diario una carta de mis admiradores donde dicen que si me voy del país me van a extrañar...
-Lamento corregirlo, maestro, pero no era una carta sino una solicitada. Y lo que dice es que si no se va del país lo van a extrañar, es decir, a desterrar...
-Es su interpretación.
-Como guste. Díganos, Marcos. ¿Cómo definiría su obra? ¿Se considera un pintor figurativo?
-No, más bien “no figurativo”.
-Abstracto.
-No, no figurativo: no aparezco en ningún catálogo.
-Una injusticia, sin dudas. Cuéntenos de su última obra.
-Cómo no. Es una composición donde trato de rendir un homenaje a ese gran escritor que fue Jorge Luis Borges. Lo imaginé sentado frente a su escritorio escribiendo una poesía... Puse el acento en sus gestos, en su actitud en el momento de recibir la inspiración. Sé que me acusan de que mis cuadros son oscuros, que no se entiende lo que quiero decir. Pero en este caso fui bastante explícito. Hasta en el título...
-¡Qué bien...!... ¿Y cómo se llama la pintura?
-Hombre con papel A4.
-¿Qué lo decidió a ser pintor? ¿Quiénes lo animaron?
-Miguel Angel... Rafael... Leonardo...
-Los grandes del Renacimiento...
-No, mis amigos del barrio. Como jugaba mal al fútbol le dijeron a mi madre que me mandara a una academia de dibujo. Y aquí estoy... Repetí un par de años, pero aquí estoy...
-Hablemos del color. Últimamente vimos que en sus trabajos hay mucho rojo. ¿Es una forma de expresionismo? ¿Qué nos quiere decir?..
-Que no tengo plata y que es el único pomo de témpera que me queda...
-Ya venderá algún cuadro... Todo llega...
-La única vez que entró una persona a mi taller para pedirme un trabajo fue una señora que quería enmarcar el diploma de su hijo. Leyó “Taller de Marcos” y creyó que era de esos comercios donde se hacen bastidores...
-¿Y por qué en lugar de taller no le pone “atelier”?
-Lo hice, pero tuve que cambiarlo. Venían las mujeres preguntando por el coiffeur... .
-¿Es cierto que empezó siendo muralista y que enseguida lo contrataron para hacer un fresco en una iglesia?
-Bueno... muralista, muralista, no... Era albañil y me contrataron para arreglar el muro de una iglesia para que no pasara el fresco...
-¿Qué prefiere? ¿El óleo, el acrílico, la acuarela...?
-En estos momentos le diría que el óleo, y si es posible arriba de una ensalada...
-Sus desnudos se han hecho famosos. ¿Sigue utilizando modelos gordas como Botero?
-¿Gordas como botero? No entiendo el refrán. También hay boteros flacos...
-Me refería a Botero, el pintor.
-¿Hay un pintor que se llama Botero? Mire usted, no saben qué inventar...
-Marcos, en su obra hay muchas acuarelas, témperas, pasteles, óleos, pero casi ninguna cera. ¿A qué se debe? ¿No le gusta esa técnica?
-Al principio sí, pero después la abandoné porque mi mujer usaba la cera para depilarse.
-Como todos los pintores, suponemos, también debe haber incursionado en la escultura. ¿Le gusta esculpir?
-Perdonemé. Lo que pasa es que abro mucho la boca al hablar y le rocío saliva sin querer. Le ofrezco mis disculpas.
-No tiene por qué. Yo hablaba de escultura.
-Yo también.
-¿No tiene algún busto para mostrarme?
-Este es un taller artístico, muchacho. Si quiere pornografía vaya a un cine condicionado.
-Me refería a una cabeza, o un torso...
-¿A usted quién lo manda? ¿La Facultad de Medicina? Ya no hay respeto...
-Lo último, maestro, y no lo molesto más. ¿Quién es su modelo?
-Clarita Núñez, la chica que limpia la casa.
-Me refería a su artista más admirado. ¿Quién es su pintor favorito?
-Creo que tengo cosas en común con Marcel Duchamp.
-¿Por lo escandaloso?
-No, por el apodo. A él también le decían la bestia negra...
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29 Junio 2006
Buenas noches, amigos. Hoy estamos de nuevo aquí con ustedes para contarles algunas anécdotas de los mundiales de fútbol. Anécdotas inolvidables que el tiempo nunca podrá borrar por más que quiera y hasta se encapriche. Recuerdos imborrables escritos con tinta indeleble en los pergaminos del tiempo, con letras doradas estilo rococó. Hoy es el turno de aquella famosa final del ’50, la que jugaron Brasil y Uruguay y que terminó en manos de los charrúas en una gesta memorable, digna de hombres valientes a prueba de balas. Y decimos a prueba de balas porque nuestros queridos hermanos uruguayos debieron salir corriendo hasta la frontera por la furia que desató su triunfo... Pero esa es otra historia. Ahora dejemos paso a los momentos más dulces, a las intimidades que pocos conocieron. Los invito a estirar el cuello y meter la cabeza en aquel capítulo de los mundiales sin temor a que nos cierren la puerta.
El invitado de hoy es Bebé, aquel fabuloso centrojás de Brasil quien por entonces era el más chico del equipo y hoy luce con orgullo sus gloriosos 74 años y todavía viste con los pantaloncitos que usó en la final. Lo escuchamos, Bebé:
“Gracias. Espero no olvidarme de nada. Es que los recuerdos se me amontonan de tal manera que a veces hasta se pelean entre ellos para ver cuál menciono primero. Empezaré nombrando a aquellos gladiadores que jugaron el partido y espero no olvidarme de ninguno”.
-Mencione, mencione nomás.
-No me quiero olvidar de Ronaldo, de Roberto Carlos, de Kaká...
-¡Epa!.. ¡Pero esos son los jugadores actuales!...
-No mi amigo. Así se llamaban también algunos de mis compañeros de equipo. Recuerdo a Ronaldo, el más gordito; a Roberto Carlos, que siempre estaba dispuesto a animar al grupo con su guitarra y sus canciones, y a Kaká, el sucio, siempre con ese olor a cuestas que nunca le pudimos sacar...
-Ajá...
-Ni del que hacía las bromas más pesadas, Turriño. Un día en un entrenamiento le clavó dos dedos a nuestro arquero en el poste mientras esperaba un corner. Y cuando quiso salir a cortar el centro no se podía mover. Como no quería defraudar a nuestro entrenador pegó el tirón nomás y sacó la pelota con los dedos que le quedaban. Esos eran hombres...
-Vaya con la broma...
-Esos chicos eran así, no andaban con chiquitas. Siempre con mujeres maduras y veteranas.
-¿Qué más recuerda?
-A Lampiño, el único blanco del equipo con su melena rubia al viento. Turriño había hecho correr el rumor de que era homosexual, una maldad realmente. Hace poco lo he visto caminar por Ipanema. Al principio no lo reconocí...
-El paso del tiempo...
-No. Se había travestido y me costó detectar a mi ex compañero debajo de ese vestido rosa.
-Volvamos al ayer. ¿De quien más se acuerda?
-De Balaziño. Tenía un remate bestial, asesino. Cuando venía en velocidad y le daba a la pelota con la derecha no había arquero capaz de atajarla. Esos misiles que enviaba costaron no pocos trasplantes de hígado, cirugías estéticas y amputaciones de miembros. Como habrá sido que hubo gente que se hizo rica vendiéndo seguros de vida a los espectadores que se ubicaban estaban detrás del arco...
-Háblenos un poco del director técnico.
-No teníamos.
-¿No tenían?
-Bueno, sí. Era Feshoada. Pero era lo mismo no tenerlo porque siempre se dormía durante los partidos. Nosotros lo buscábamos con la mirada para que nos diera alguna indicación y él estaba tirado sobre el banco tomando una siesta.
-¿Y quién hacía los cambios, entonces?
-En esa época no había cambios.
-¡Ah! Cierto.
-Y, Bebé. ¿Quién era el jugador más divertido?
-Sin dudas, Escola. Escola do Samba, para ser más exacto. Para él todos los días eran de carnaval. Es más, fue un precursor en eso de pintarse la cara como ahora está de moda. Hasta entraba al campo de juego con un pito y una matraca y le hacía burla al árbitro. Varias veces lo echaron por esa causa.
-Era lógico...
-No, era un tipo sin estudios. Ni siquiera terminó el primario.
-Un ignorante.
-Sí, pero al menos hablaba. El que no podía articular palabra era Dadá. Tenía la mentalidad de una criatura de tres años...
-El resto era más inteligente, ¿no?
-Por supuesto. Aunque no faltaban los viciosos. Había uno que era un verdadero borrachín: Caipiriña. Gran jugador, pero muy borracho. Nunca estaba sobrio. El día que lo estuvo no agarró una pelota... y fue justo en la final.
-¿Cómo fue que perdieron esa final? Eran locales...
-No me haga acordar. Aún la estoy viendo en mi mente. Es una película que se repite una y otra vez, como en el cable... Es que los uruguayos tenían un gran equipo. Estaba ese flaco alto con cara de salchicha, Frankfruter, un alemanote que la más baja te la daba acá, en la glotis. Y la delantera era un espectáculo: Walter, Washington, Franklin, Tabaré y Montero Castillo.
-¿Montero Castillo?
-Sí. Jugó muchos años en Uruguay. Creo que cuarenta...Y siempre con el termo debajo del brazo.
No hubo tiempo para más. Estaba por comenzar la final de Alemania entre Arabia Saudita y Togo, y nuestro amigo Bebé se levantó con dificultad de la silla para ocupar su lugar en la platea. Hubiera deseado ver a su Brasil en aquel partido pero, como si se tratase de una maldición, volvió a perder con Uruguay. Cosas del fútbol, mis amigos.
servido por risas
sin comentarios
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27 Abril 2006
Claro…hablo de Pamela Luna. ¿De quién sino? Un producto genuino de los medios. La chica que se hizo de abajo y que poco a poco fue subiendo hasta quedar derecha. La entrevisté en su piso de la calle Arroyo que generosamente le regaló un veterano empresario quien no quiso revelar su nombre para no comprometer a su esposa.
Pamela me recibió cómodamente repantigada en un amplísimo sillón. Lucía un hermoso peinado, estaba maquillada de manera muy brillante, fiel a su estilo, la cubría apenas un vestidito corto Dior de color rojo y tenía las muñecas y los tobillos cubiertas de pulseras con dijes.
-¡Me sorprendiste! No sabía que ibas a llegar a esta hora sino me arreglaba un poco –dijo mientras repasaba su imagen ante el espejo del costado-. Pero por otra parte, mejor. Quiero que mis admiradores me conozcan así, espontánea. Al fin y al cabo soy una mujer común que hasta hace las compras en el supermercado.
Después de invitarme con un café que trajo la mucama, inicié la entrevista que aquí reproduzco de manera textual:
-Pamela, te noto muy recogida…
-No, si estoy sola. No salgo con nadie hace más de una semana.
-Me refiero a tu posición en el sofá, con las piernas pegadas a los muslos. ¿Es yoga?
-Sí, estoy haciendo un curso en la escuela del gurú Papanapatas. Me sirve para relajarme. Después de hacer los ejercicios quedo bien relajada y se que cuando estoy así le gusto mucho a los hombres…-dijo con una sonrisa pícara.
-Ya que sacaste el tema no tengo más remedio que preguntarte: ¿Cómo van tus amores?
-Ah, no… De mi vida privada no hablo. No me gusta que todo el mundo se entere por las revistas de que tuve un romance con el juez Craviotto, un par de toques con el goleador de Boca (“un animal”, comentó fuera del grabador) o que viví una semana muy caliente con el dueño de una fábrica de calefactores. Con Luis Mejía, para ser más preciso. Mejía con “jota”, eh?..
-O sea que seguís rompiendo corazones…
-Es que soy una mujer muy temperamental. El otro día viajaba en un taxi y noté que el chofer me miraba las piernas por el espejo retrovisor… ¡Degenerado! le grité y le di con el bolso por la cabeza. No creas que no me gusta que me miren, pero con más ternura. Por ejemplo con la ternura que tienen esos hombres que me seducen con sus regalos, sus mimos, sus regalos…
-Cuando te tocan el corazón, te pueden…
-Sí . Cuando me tocan a la altura del corazón me pueden hacer de todo.
-Cambiemos de tema. ¿Qué estás leyendo?
-Nada, te estoy mirando.
-Me refiero a qué libro…
-¡Ah!…No voy a decir lo que dicen todas que nunca leyeron nada y repiten de memoria “Borges, Sábato, Cortazar”. Yo soy auténtica. Estoy leyendo uno que habla de historia…No recuerdo el nombre. Ayudame…
-“Los mitos de la Historia”.
-¡Ese! Lomitos de la historia. No se si es de Arguiñano o Martiniano Molina…
-¿Y cine? ¿Vas al cine o mirás películas en DVD?
-No tengo tiempo para el cine, pero sí, veo películas en DVD. Las trae el juez Craviotto y las vemos juntos en el dormitorio. Dice que le sirven para excitarse… ¡Qué loco!
-Contame un poco sobre tu trabajo actual. ¿Qué estás haciendo?
-Estoy filmando una película. Se trata de un thriller psicológico, creo. Te adelanto el nombre: “El regreso de Tiburón y Mojarrita”. Va a ser un éxito. Está el hijo de Víctor Bo, el nieto de Ricardo Bauleo y un sobrino segundo de Julio de Grazia. Un elenco bárbaro…
-¿Cuál es tu papel?
-Nada sencillo. Hago de una sirena que se pasea desnuda todo el tiempo. No dice nada. Todo gestual, muy exigente.
-Bueno, me parece que el reportaje tiene que llegar a su fin. Antes de irme quiero que mandes un saludo para tus admiradores.
-Cómo no –dijo, y lanzó un beso con la mano. Le expliqué que esto es un medio gráfico y no televisión, pero ya estaba atendiendo un llamado en su celular. La nota había concluido.
servido por risas
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