Categoría: guiones
5 Octubre 2009
Hoy está con nosotros la afamada experta en razas caninas Pastora Alemán, quien nos contará algunos secretos del mundo de las mascotas, que no queda tan lejos de aquí, je... Así que, señora, deje lo que está haciendo y siéntese para ver y escuchar esta nota que va a estar muy interesante. Antes que nada Pastora, gracias por estar aquí…
-De nada.
-Gracias por venir…
-Lo mismo digo.
-Pastora, la primera preguntita. ¿Cuántas razas de perro hay? Si alguna vez se las contó, claro…
-Muchas. Y no exagero. Son tantas que los especialistas que las rastrearon por el planeta terminaron agotados y acabaron por rendirse.
-¡Qué interesante!...
-No crea. Hay cosas más…
-Hablando de razas…el pequinés, ¿de qué lugar es originario?
-Como su nombre lo indica, de Pekín.
-¿La India?
-Exacto.
-¿Y el chihuahua?
-De México, creo. O de Noruega, no estoy segura. No vine preparada. Lo que si le puedo decir es que estos animalitos antes eran devorados por los hombres ya que los consideraban un manjar exquisito… Bueno, esa costumbre, por suerte, fue abandonada y hoy ya no se practica. Se perdió para siempre la degustación de aquel plato de reyes, sabrosísimo, un poco salado quizás…
-Pastora, ¿qué me dice de los siberianos?
-¿Qué pasó?
-Hablo de los perros siberianos.
-¡Ah!, que tonta… Los siberianos, ¿esos que tienen los ojitos celestes, no? Bueno, es un perro muy fiel… Está considerado, le cuento, el mejor amigo del hombre…
-Pero…
-Si, si… Lo he oído en alguno de los foros a los que asistí y hubo gente, no digo toda, “gente” (gesto con los deditos) que dijo “es el mejor amigo del hombre”… ¡La pucha! La frase me pareció hermosa y es bueno que usted me haya hecho ahora esta pregunta…
-Pastora…
-Porque no quería que ese recuerdo muriera conmigo, la verdad. Es más: no me quisiera morir nunca, vio cómo es la vida, ¿no?... Con plata mejor, claro, pero de todos modos…
-Pastora, no se vaya por las ramas… Hablemos del dogo, ¿qué le parece?
-Como propuesta de conversación, poco atractiva… Pero ya que estamos aquí… Bueno, esta raza tiene dos ramas: el dogo común o tradicional, de toda la vida, que va a Quilmes, y el dogo argentino, una especie nueva y muy codiciada, que va a Temperley. El común ya sabemos que es un perro muy fiel, amigo del hombre, pastor de ovejas y muy guardián.
-¿Y el dogo argentino?
-También.
-…
-…
-Unas palabras para el dobermann.
-¿Se murió?...
-Algún dato. Algo…
-Buen perro el dobermann. Algo discriminado por su color, pero buen animal. Y le aclaro que es un mito eso de que el cerebro le crece y el cráneo no, y que por eso hay que arrojarlos a la basura a los cuatro años y medio. En realidad es al revés: le crece el cráneo y el cerebro sigue igual, pequeño, chocando contra las paredes. Por eso algunos se vuelven locos y otros se van al sur, al Bolsón o al Uritorco, depende…
-¿Por qué cuando son cachorros le cortan las orejas y se las pegan con cinta a la cabeza?
-Un dobermann me hizo la misma pregunta, muy angustiado.
-Pastora… Sáquenos de esta perplejidad. ¿Hay algún perro que sea más bueno que Lassie?
-No.
-Claro, claro… A ver, a ver…. Acá nos llegaron algunos mensajes de los televidentes. ¿Se anima a contestarlos?
-No me parece un acto tan valiente, la verdad…
-El benji, dice… ¿Qué raza viene a ser?
-No hablemos de razas, por favor, a esta altura de la historia…
-A ver ésta otra… ¿Qué me dice del San Bernardo? ¿Es cierto que siempre lleva consigo un barrilito con whisky colgado al cuello?
-Es uno de los problemas que todavía no hemos podido resolver: el alcoholismo de este animal. Estamos investigando para saber quién le vende el barrilito, porque creemos que no hay que penar al consumidor. Pero hay una mafia muy grande que se dedica a eso, la verdad… Y si seguimos buscando no sé adónde vamos a llegar... Y hablo de arriba, bien arriba….
-¿Le parece?
-Si, si… Arriba, arriba…
-¿Arriba? ¿Dónde?
-Arriba de la montaña, claro…
-Ah.
-Y si…Qué calor hace en el estudio, ¿no? Me permite esa revista para abanicarme, Carrizo.
-No soy Carrizo. Soy Badía.
-Disculpe.
-Una última consulta. ¿Es cierto que el Rottweiler es tan peligroso?
-¿El qué?
-El Rottweiler
-Ah!... No le entendía la pronunciación. ¿Es alemán, no? Bueno, esos perros son bravos, son bravos, la verdad… Yo le diría que no los ponga a cuidar jardines maternales y esas cosas porque de golpe ven un nene y piensan que es un paquete de Eukanuba. Hay que tratarlos con manos de seda y con pie de plomo. Hay que ternerlos cortitos, con la soga cortita, y no darles la mano porque se toman el codo… Se morfan el codo, en realidad…
-Bueno. Gracias por las explicaciones, Pastora. Y esperamos verla de nuevo por aquí muy pronto.
-Encantada. Eso si, me gustaría alguna vez hablar de temas más existenciales...
-Bueno, pero usted es veterinaria…
-Me refiero a la lombriz solitaria, el gato encerrado… en sí mismo, el perro del hortelano, el pato criollo… y esas cosas, ¿vio?
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20 Febrero 2009
-Tengo un programa muy lindo en el cable, ¿viste? Se llama “de vinos, tequila y algo más”.
-¿Algo más ¿Qué más?
-Yo qué sé. Valijas, por ejemplo.
-¿Valijas?
-Hablo de todo. De marroquinería, marrocs, marrocos, yo qué sé… ¿Sabés qué pasa? Yo soy un muchacho…
-¿Muchacho?
-Un muchacho con muchos intereses, ¿sabés? Por ejemplo: el tango. A mi me gusta el tango.
-Bueno…
-Un día, sentado a la mesa de esa confitería de San Martín y Corrientes, que ya no está, me encontré con Julio.
-¿Julio?
-Julio Togán, el marqués del tango le decían. ¿Te acordás?
-No.
-Bueno. Metió la mano en el bolsillo y sacó un papelito. Y me dijo: Mirá Rúben.
-¿Rúben?
-Si, el me decía Rúben. Mirá Rúben, me dijo, lo que escribí.
-¿Y qué era?
-La boleta de la luz. Se equivocó al agarrar el papelito. Pero después lo encontró y me lo hizo leer.
-Y…
-Y me emocioné. Hablaba del barrio, del acordeón, de la mina que lo había dejado y del barrio donde nació.
-Bueno… Muy original no era…
-No, pero él lo decía todo con tanta pasión… Se puso de pie y empezó a recitarlo de memoria, a los gritos… Fue en cana…
-Y…
-Después lo quise sacar, pero solo pudo acercarle cigarrillos. Se había encariñado con otro preso.
-No me digas qué…
-Y… Bueno, no en vano Julio fue un pionero en eso de los peluquines rojos que llevan los tangueros. El fue el primero y el resto lo siguió.
-Cuántos recuerdos.
-Y sí. El otro día, por ejemplo, me topé con el torito de Mataderos, ¿te acordás?
-¿Y qué pasó?
-Quedé hecho mierda…. Está viejo, pelado, gordo y soltero. Con decirte que no me reconoció… Después me fijé bien y me parece que no era él.
-Qué lo parió.
-Pedime un anís.
-Yo paso.
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1 Febrero 2009
“Los cohetes han producido desgracias lamentables, entre las que recordamos se encuentra el caso de la señora doña Micaela Peralta, de 32 años de edad que, llena de vida, asistía a la función de la Recoleta acompañada de sus tres hijitas cuando, repentinamente, un cohete volador, atravesando el espacio horizontalmente, fue a herirla en la frente, despedazando el cráneo y produciendo una muerte inmediata…”
-¿Eso cuándo fue?
-En 1800 y pico, en Buenos Aires. Lo cuenta José Antonio Wilde en Buenos Aires desde setenta años atrás. ¿Sabés a qué se refería? A los festejos del 25 de Mayo. El famoso cohete era fuego artificial, una cañita voladora, supongo...
-¡Qué lo parió!
-¿Y sabés quién era esa mina, Micaela Peralta? Mi tatarabuela…
-No…
-Y una de sus tres hijitas, obvio, mi bisabuela. ¿Sabés cómo murió mi bisabuela? De una bala perdida. Festejaban otra vez el 25 de Mayo, allá a fines del ochocientos cuando una bala perdida le cayó justo en medio del marote, de la cabeza. Fatalidades, que les dicen…
-La puta… No te puedo creer, la verdad…
-Y eso no es todo. Mi abuela…
-No me digas…
-No, mi abuela no. La hermana de mi abuela, mi tía abuela, ¿sabés cómo murió? Caminaba por la avenida Alvear, arteria elegante si las había, cuando de repente un piano se le cayó encima. La hizo crema.
-¡Qué desgracia!... Esteee, ¿fue un veinticinco de mayo también?
-No.
-Menos mal.
-Se rompió una cuerda… en fin. Decí que era un Steinway, por lo menos.
-Un Steinway ¿Qué importancia tiene?
-Y… no es lo mismo que te aplaste un piano de estudio marca pichicho. Pero la historia no acaba allí. Un primo de mi mamá, Eladio, no sabés cómo murió…
-Dale, contá. Ya estoy regalado…
-Caminaba tranquilamente, y subrayo eso de tranquilamente porque era un tipo muy atildado, un nene bien, impecable, traje y corbata, yo qué sé… Caminaba, decía, muy duque por una calle de Mataderos cuando desde la ventana de una casa salió disparado un corcho de sidra, con tanta puntería y violencia que se le incrustó en un ojo. Lo llevaron de urgencia al Santa Lucía, todo bien… Pero el caso es que se le hizo una infección que lo terminó llevando al viejo… En fin.
-Qué te puedo decir… Todas maneras pelotudas de morir, la verdad. Parece un mal de familia.
-Espero que no.
-Morir así, tan al pedo…
-Y…
-Como si uno al cruzar la calle con un amigo, justo en ese momento, sufriera un paro cardíaco y quedara seco, poco después de decir, por ejemplo, “parece que hoy va a llover”… Que feo que con el tiempo alguien preguntase cuáles fueron sus últimas palabras y tengan que decir “parece que hoy va a llover”…
-Triste, la verdad. Mejor morir en una batalla o aplastado por un Rolls Royce.
-Si.
-Escuchá esto otro y no te jodo más. Mi sobrino, un pibito, no sabés cómo murió…
-¡No me cuentes una de pibes!
-Rapidito. Estaba en Mc Donalds comiendo una hamburguesa con unos amigos. Al rato fue a buscar una coca al mostrador, y viste cómo son en ese lugar, todos andan a mil por hora, a la puta que lo parió, de aquí para allá, a los pedos. Bueno, el caso es que uno de los empleados que limpiaba las mesas, de torpe, le dio un codazo en el hígado. Nada del otro mundo. Pero el pibe se agachó por reflejo al mismo tiempo que alguien abría la puerta de una heladera… ¡Pum! Flor de tortazo en la frente: al suelo. Al instante, porque todo fue muy rápido, por el escándalo, retrocedió una de las filas que había frente a una de las cajas, y todos, todos, fueron pisando al pibe dando saltitos…
-¿Cómo dando saltitos?
-Es que todos se espantaban cuando sentían un cuerpo debajo y daban un par de saltitos… por la impresión, supongo… Bueno, te la hago corta. Parece que uno le metió un tacazo en el diafragma, yo que sé… Se quedó sin aire… En fin.
-Qué bárbaro…
-Y sí.
-Y vos, ¿no tenés miedo de que te pase algo así, tonto e inesperado?
-El otro día se cayó uno de esos balcones coloniales que hay en San Telmo. Por suerte iba por la vereda del frente. ¿Sabés qué pensé en ese momento? Quién habrá vivido alli, porque es una casa viejísima. ¿Y sabés lo que averigüé? Era la casona de la familia Peralta, la de Micaela, mi tatarabuela. Hoy es el museo del vestido o algo así.
-¡No me digas!
-Eso ocurrió el 25 de mayo, ¿qué tal? Y eso no es todo. El otro día visité el museo, te imaginarás. Lo primero que vi en la sala principal es un piano Steinway.
-¡Qué ironía!
-En otra de las salas hay un cuadro de mi tatarabuela. Está sentada, tres cuartos de perfil como se pintaba entonces… le descubrí una sonrisita, breve, una insinuación nomás.
-Un sonrisita…
-Si, como diciendo “ya te va a llegar a vos también”…
-Qué imaginación… Estás un poco obsesionado.
-¡No! que va… Estoy prevenido, eso sí. Y me cuido bien. Por ejemplo, cuando veo una obra en construcción cruzo la calle por las dudas de que a un albañil se le caiga el fratacho. O cuando hay un desfile no salgo a la calle por si a alguno se le escapa un tiro. No te olvides que son todas muertes pelotudas, exabruptos del azar…
-…
-Nunca paso entre dos autos estacionados ni cambio la bombilla eléctrica ni piso esas plataformas de madera que se ponen en las veredas cuando hacen arreglos, por las dudas de no terminar cinco metros bajo tierra o electrocutado…
-Bueno, che, basta de tanta pálida y disfrutemos de la comida que ahí llega.
-¿Qué pediste?
-Trucha con salsa holandesa, el plato de acá. ¡Mirá lo que esto! Ni te imaginás lo que es esta salsita con espárragos… ¿Querés probar?
-Dale.
-Cuidado con las espinas.
-…
-¿Y? ¿Qué te parece?
-…
-¿Y?
-…
-Negro, estás morado… respirá… ¡Mozo!
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28 Noviembre 2008
-Yo me acuerdo de todo, y de lo que no me acuerdo es porque me olvidé. Estaré viejo, pero no gagá….
-Esta bien nono, si nadie lo critica.
-A mi me parece que sí, y a mi edad…
-A su edad… nada. Está todo bien. A usted siempre lo tenemos en la mejor consideración. Lo respetamos mucho.
-Sin embargo…
-Lo tenemos bien alto, abuelo. Lo hemos puesto allá arriba…
-Bajame porque me voy a ir a la mierda…
-¡Pero abuelo! Qué cosas dice. Usted sigue siendo un faro en la oscuridad, la luz que nos ilumina…
-No me doren más la píldora. ¿Qué quieren? ¿Plata?
-Plata, plata… no. Un préstamo.
-¿Un préstamo de qué?
-De plata, claro. Para llegar a fin de mes.
-¿Adónde quieren llegar? ¿Es muy lejos? Yo plata para el pasaje te puedo prestar… Dos, tres pesos…
-No abuelo. Un poco más: cien, doscientos…
-¿Pero qué pasaje querés sacar vos? ¿Un pasaje en avión?
-¿Qué pasaje?
-Para llegar a ese lugar que vos decís…
-A fin de mes, abuelo. Son unos días, no más.
-¿Y cuánto querés?
-Y… ¿un cien le parece?
-A mi no me parece, no sé a vos.
-Digamos un cincuenta. ¿Le va?
-¿Qué cosa le va? ¿En qué idioma hablás vos?
-Le va, le parece… Nada.
-¿Nada? ¿No sabés terminar las frases?
-Deje, deje abuelo. Yo me arreglo igual. Gracias.
-Pará, para…
-¡Sí!
-Al volver traeme un cajita de sellos Focus, que me está doliendo de vuelta el lumbago. ¿Te vas a acordar?
-¿De sellos qué…?
-O un pomo de Untisal, por si no hay…
-¿Untisal?.... esteee…. ¿Y la plata?
-Pagalo vos que yo después te doy. No creo que salga más de dos o tres pesos…
-Está bien abuelo.
-¿Qué?
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8 Octubre 2008
-Hola.
-Hola.
-¿Qué hacés?
-Esperando.
-¿A quién?
-A Godot.
-¿Y?
-Y nada. No llega.
-…
-….
-¿Tiene auto?
-No. Creo que no.
-Si viene en transporte va a tardar un rato.
-Y si…
-….
-….
-¡Qué va’cer!...
-Eso.
-A lo mejor consiguió un taxi…
-No creo.
-¿No?
-No.
-…
-…
-¿A qué hora dijo que venía?
-No dijo.
-¿Ah no?
-No.
-Y bué…
-…
-¿Tiene celular?
-Si, pero se le acabó la tarjeta.
-¡Ah…
-…
-¿No es ése?
-¿Quién?
-¡Ese… el que acaba de bajar del transporte!
-¿El rengo?
-¡Sí!
-No. No es rengo.
-¿Ah no?
-No.
-Yo creía…
-Pero no.
-…
-…
-Bueno. Me voy. Nos vemos.
-Chau.
……………………
-Hola.
-Hola.
-¿Qué hacés?
-Esperando.
-¿A quién?
-A Godot.
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17 Junio 2008
No te oí... En los días del silencio atronador.
No te oí junto a las madres del dolor,
no sonaste ni de lejos, por los
chicos, por los viejos olvidados.
No te oí... Puede ser que ya no estoy oyendo bien,
pero al borde de las rutas de Neuquén,
no te oí mientras mataban por la espalda a mi maestro.
Y entre nuestros cantos desaparecidos
yo jamás oí el sonido de tu tapa resistente,
que resiste comprender que hay
tanta gente
que en sus pobres recipientes sólo guarda una ilusión.
Cacerola de teflón, volvé al estante,
que la calle es de las ollas militantes,
con valiente aroma de olla popular.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a sonar con los tambores militares
como tantas veces te escuché sonar.
No te oí... cuando el ruido de las fábricas paró,
cuando abril su mar de lágrimas llenó.
No te oí con los parientes del diciembre adolescente, asfixiado.
No te oí. Puede ser que mis oídos oigan mal,
pero no escuché en la exposición rural,
reclamar por el jornal de los peones yerbateros,
por la rentabilidad de los obreros,
por el tiempo venidero, porque venga para todos.
No te oí ni te oiré porque no hay modo
de juntar tu avaro codo con mi abierto corazón.
Cacerola de teflón, volvé al estante
de los muebles de las casas elegantes
que las cocineras te van a extrañar.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a sonar en los conciertos liberales
como tantas veces te escuché sonar.
No te oí en el puente de Kosteki y Santillán
No te oí por el ingenio en Tucumán.
No te oí en los desalojos ni en los barrios inundados de este lado.
No te oí, en la esquina de Rosario que estalló
Cuando el ángel de la bici se calló
y sus ángeles pequeños se quedaron sin comida.
Y jamás te oí en la vida repicar desde acá abajo
por un joven sin trabajo, a la deriva.
Debe ser que desde arriba,
desde los pisos más altos
no se ve nunca el espanto y las heridas.
Cacerola de teflón, volvé al estante.
Yo me quedo en una marcha de estudiantes
donde vos nunca supiste resonar.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a llenarte de los más ricos manjares
que en la calle no se suelen encontrar.
Gracias, Ignacio Copani.
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10 Junio 2008
-¡Estoy enamorado!
-¿Si mi amor?
-¡Muy enamorado!
-Yo también.
-Siento como un cosquilleo en todo el cuerpo…
-Debe ser la dicha.
-¿Ladilla?
-La dicha… ¡de estar enamorado!..
-¡Qué bien!..
-Sí…
-…
-¿Sabés con que sueño?
-Conmigo…
-¡Claro, mi amor!... Pero también con el día en que sea la señora de Pereira.
-“La señora de Pereira”… ¡Qué bien suena!...
-“La señora Herrera de Pereira”… ¿Qué tal?
-¡Buenísimo!... La señora H. de P.
-¿Qué dijiste?
-La señora H. de P… Herrera de Pereira… ¿Por qué?.... Ah, ya me doy cuenta….
-¡Qué desastre!...
-Tenés razón… No nos casemos.
-Eso, juntémonos, que es lo mismo.
-Eso.
-…
-¿Jugamos a algo?
-¡Dale!
-¿A las cartas?
-Dale…
-¿Hacemos un truco?
-Caramba, querido… No sé jugar al truco.
-¿Ah no?
-No.
-¿Y a qué sabés jugar?
-A la canasta.
-¿A la canasta?
-Y sí…
-…
-…
-Y ya que estamos al pedo… ¿vamos al cine?
-¡Dale!... ¿Qué están dando?
-Nube de pedo, una con Adam Sandler y Ben Stiller. Compiten para ver quién es más pelotudo.
-¿Es buena?
-No sé, pero la recomendaron en la revista de Multicanal.
-Pero ahí recomiendan a todas…
-Y sí…
-…
-¿Comemos pizza?
-¿Otra vez?
-¡Daaale!... Sé buena…
-Está bien
-…
-Hernán.
-¿Qué?
-Nada.
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7 Junio 2008
-Hola.
-Si, eh… ¿Hablo con el cuatro tres nueve siete seis cinco ocho cero uno?
-Sí.
-¿Se encontraría Carlos Méndez Ortiba?
-El habla.
-¡Carlitos!... Te habla Esteban Elerchundi, ¿te acordás de mí? Fuimos compañeros de secundario en el Madre Perpetua de la Recontra Virgen, ¿te acordás?..
-¡Claro que me acuerdo!.. Esteban querido…. ¿Cómo te va, tanto tiempo?
-Como el orto, pero bien che… todo bien. ¿Y tus cosas?
-Bien, bien. Bueh… más o menos. Se murió mi viejo, sabés. El otro día.
-¿Cómo que el otro día? Si yo fui al velatorio en el ochenta y seis… ¿Adónde mierda fui entonces? ¡Es que tenía un pedo ese día…! Pero, bueh… No hablemos de cosas negativas. Contame cómo andás, cómo está tu familia., tu laburo…
-Bien, bien. Todos bien. Bueh… más o menos. La nena está embarazada…
-¡Cómo andan los pibes hoy, eh!... Tomalo con filosofía, Carlitos. Son cosas que pasan. ¿Qué edad tiene la nena?
-Nueve.
-¡A la puta!…
-¿Cómo puta? Es una piba de su casa, che…
-Si, si. Ya sé. Perdoná: fue una expresión.
-….
- Che, ¿y tu jermu? Seguís con Ana, ¿no?
-No.
-¿Qué pasó?
-Y… me dijo que soy muy boludo, que estar conmigo era más aburrido que ver el sorteo del loto con Riverito… Y se fue.
-Caramba…
-Y sí…
-¿Y el laburo? Vos trabajabas en la municipalidad, ¿no?
-Si. Pero vino Macri y me rajó: dijeron que era un ñoqui.
-Pero…
-No importa, no importa. Con la guita de la indemnización me puse una fábrica de pastas… Para no llevarles la contra…
-¡Mirá vos!… ¿Y como te va? ¿Bien?
-Mal, pero ahí estamos.
-Claro.
-¿Para qué llamabas, Esteban? ¿Hay alguna cena de camaradería?
-No, no. Nada. Era para saludarte nada más.
-Bueno. Llamá cuando quieras.
-Como no, Un abrazo.
-Dos.
(“¿Quién era, querido?”, “Nadie. El puto ese de Elerchundi para invitarme a una cena. ¡Mirá si voy a ir..! No aguanto a esos plomos del secundario. Uno es más careta que el otro”, “Claro”, “Y además le hice creer que la nena está embarazada… Je, je…. Embarazada a los nueve años, je, je…”, “¿Quién te dijo? No, debe ser una inflamación nada más…”),
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