Categoría: artículos
22 Junio 2008
¡
Hola! Te haré una pregunta: ¿Sabes quién inventó la ducha? Jo, jo… ¡No lo sabes! Pues bien, aquí te lo diremos. Hace mucho pero mucho tiempo, digamos una punta de años, en un lugar muy remoto, digamos en la co… en la loma de los caranchos, vivía un señor que se llamaba Rupert Osborne. Cierto día Rupert (digámosle simplemente Rupert, Simplemente María), notó que su tina cóncava adonde cada mes introducía su cuerpo para gozar del agua y del jabón, tenía un agujero. Y entonces, lógico, el agua se iba por ese agujero. Esto lo obligaba a tomar un baño muy rápido, tan rápido que no le daba tiempo a quitarse las costras de mugre que adornaban su cuerpo de manera tan graciosa. ¡Vaya con Rupert…! No, no vaya. Quédese aquí que le sigo explicando. Cierta mañana Rupert olía mal, como a queso sardo y ajo, Y decidió bañarse. ¡Bien!, dijo su esposa. Y los chicos. Y Rupert llenó otra vez su tina cóncava con agua calentada en un caldero. Y otra vez ese agujero puto empezó a dejar escapar el valioso líquido insípido e inodoro, lo que desesperó a Rupert. Preso de una iracundia primal se arrojó de cabeza al hoyo para cubrirlo, lo que logró introduciendo el dedo gordo del pie derecho. O sea, consiguió obturar el agujero, pero quedó atrapado. Entonces, desesperado, tiró fuerte para atrás con tanta mala suerte que la tina se dio vuelta cubriéndolo por completo. No murió ahogado, pero casi. Mas del acontecimiento, el bueno de Rupert sacó una enseñanza: el agua también puede venir desde arriba. Datos más, análisis menos, ese es el origen de la ducha después de algunos perfeccionamientos.
La historia no reconoce el invento de la ducha como patrimonio de Rupert, sino de un italiano de apellido Sfogliatella. No sabemos bien el porqué. Es más: está en marcha una investigación con la hipótesis de que la ducha, en realidad, fue imaginada primero por Leonardo Da Vinci, como todas las cosas que hay en esta tierra.
Entonces, amigo, ¿qué haremos? Nosotros te proponemos que en homenaje a Rupert distribuyas esta nota entre tus amigos. O manda eses-eme-eses como hace la mano de obra desocupada de la dictadura con los caceroleros de teflón. Así te sentirás satisfecho con la vida y podrás tirarte un pedo dentro del subte sin ningún remordimiento.
Hasta la próxima.
servido por risas
sin comentarios
compártelo
20 Junio 2008
A todos nos preocupa el nivel de violencia que hay en las escuelas. En lugar de un café con leche cada día nos desayunamos con una nueva noticia sobre el ataque a un docente, el apuñalamiento de un compañerito en el recreo, o el macheteo en una prueba de Química. ¿Hasta cuando tendremos que soportar todo esto? ¿Hay derecho a que se quemen pastizales? ¿Por qué razón los niños y los jóvenes se han vuelto tan hijos de puta y prefieren el fernet?
Quien esto escribe y su grupo, Luchemos por la brida, hemos hecho un sencillo pero emotivo diagnóstico sobre las causas de la violencia en los establecimientos escolares. Una de ellas es que los chicos no tienen límites como sí los tienen, por ejemplo, Paraguay y Bolivia. Límites y horarios. Porque tampoco tienen horarios, con excepción del que viene dividido en cinco columnas y dice Lunes-Martes-Miércoles-Jueves-Viernes.
La verdadera educación, decían los abuelos, empieza en la familia. Otros abuelos piensan que el problema es esperar bajo la lluvia mil horas, como un perro. Son los abuelos de la nada, creo.
Hay que educar a estos guachos. No puede ser que las chicas se toqueteen con los chicos y digan “boluda” cada dos segundos: así empieza la violencia. O que los chicos usen esos pantalones tan asquerosos que les hace desaparecer el culo.
¡Orden! Necesitamos orden, y dinero, claro. Pero ahora no hablemos de eso. Hablemos de lo mal que está la educación y de cómo se pegan estos imberbes, como decía el general. Se agarran a las patadas por un emepetrés o un emepecuatro. ¿Cómo puede ser que se golpeen por la batalla naval?
Una de las causas de este descalabro es que van a la clase con el unicelular. ¡Unicelular…! ¿Se acuerda patrona cuándo íbamos nosotros a la escuela, eh patrona? ¡Qué unicelular! ¡Ni calzoncillos teníamos! ¿Se acuerda, eh, patrona? ¿Cómo? ¡Pero si usted tiene mi edad…! Bueno, como prefiera. Disculpe. Si, si. Disculpe que me guste Cristina. Disculpe.
Decíamos que no puede ser este nivel de violencia en las escuelas. El otro día nos enteramos de que a un maestro lo cagaron a palos porque quiso explicar qué es el arte Más allá de la ocurrencia disparatada del docente, estos desbordes de histeria no conducen a ninguna parte, como el tren fantasma.
Y para terminar con este análisis y antes de que nos cierren el laboratorio, queremos hacer un llamado a los señores padres. Un llamado a la solidaridad.
Lástima que no tenemos el número de teléfono…
servido por risas
1 comentario
compártelo
17 Junio 2008
No te oí... En los días del silencio atronador.
No te oí junto a las madres del dolor,
no sonaste ni de lejos, por los
chicos, por los viejos olvidados.
No te oí... Puede ser que ya no estoy oyendo bien,
pero al borde de las rutas de Neuquén,
no te oí mientras mataban por la espalda a mi maestro.
Y entre nuestros cantos desaparecidos
yo jamás oí el sonido de tu tapa resistente,
que resiste comprender que hay
tanta gente
que en sus pobres recipientes sólo guarda una ilusión.
Cacerola de teflón, volvé al estante,
que la calle es de las ollas militantes,
con valiente aroma de olla popular.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a sonar con los tambores militares
como tantas veces te escuché sonar.
No te oí... cuando el ruido de las fábricas paró,
cuando abril su mar de lágrimas llenó.
No te oí con los parientes del diciembre adolescente, asfixiado.
No te oí. Puede ser que mis oídos oigan mal,
pero no escuché en la exposición rural,
reclamar por el jornal de los peones yerbateros,
por la rentabilidad de los obreros,
por el tiempo venidero, porque venga para todos.
No te oí ni te oiré porque no hay modo
de juntar tu avaro codo con mi abierto corazón.
Cacerola de teflón, volvé al estante
de los muebles de las casas elegantes
que las cocineras te van a extrañar.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a sonar en los conciertos liberales
como tantas veces te escuché sonar.
No te oí en el puente de Kosteki y Santillán
No te oí por el ingenio en Tucumán.
No te oí en los desalojos ni en los barrios inundados de este lado.
No te oí, en la esquina de Rosario que estalló
Cuando el ángel de la bici se calló
y sus ángeles pequeños se quedaron sin comida.
Y jamás te oí en la vida repicar desde acá abajo
por un joven sin trabajo, a la deriva.
Debe ser que desde arriba,
desde los pisos más altos
no se ve nunca el espanto y las heridas.
Cacerola de teflón, volvé al estante.
Yo me quedo en una marcha de estudiantes
donde vos nunca supiste resonar.
Cacerola de teflón, a los bazares
o a llenarte de los más ricos manjares
que en la calle no se suelen encontrar.
Gracias, Ignacio Copani.
servido por risas
4 comentarios
compártelo
16 Noviembre 2007
Bien enclavado ahí, justo ahí, en el medio de las sierras, hay un lugar de ensueño: Bolas de Fraile. Un espacio paradisíaco donde la naturaleza se siente tan cómoda que se pasea a sus anchas en bombacha y con unos pelos así...
Es un gusto ver de cerca a la naturaleza, tan de entrecasa, rascándose el culo con una mano mientras en la otra lleva una tostada con manteca. Esto solo se da en Bolas de Fraile, otrora sede del convento de los adoratrices del corazón sanguinoliento, extraña orden de clérigos cuyos miembros llevaban el capote hasta la rodilla, a lo Chanel, y calzaban sandalias de plástico. Los adoratrices, a no olvidar, son los mismos en cuyas cocinas se creó la famosa factura o masita frita internacionalmente conocida como “suspiros de monja” o berlinesa.
También fabricaban otra de color marrón, muy rica, con forma de rulo o soretito, que no tuvo éxito porque se la asociaba con las heces.
Recordemos, finalmente, que los adoratrices son los mismos que desafiaron al Papa a ver quien era más alto, lo que fue tomado en Roma como una verdadera idiotez, producto de la antigüedad de la orden.
Pero no vinimos acá para hablar de los adoratrices sino de Bolas de Fraile, lugar maravilloso si los hay. ¿Cómo describirlo? ¿Alcanzan las palabras? ¿Me alcanza la pelota, señora? Diremos de entrada que sienta reales sobre una naturaleza virgen, impoluta, rodeada de arroyos y flores, de cortes y quebradas, y de animalitos simpáticos como el zorrino de doble cola, la garza de tres patas y el mono de dos cabezas.
Bolas reune tantos atractivos que su enumeración detallada provocaría el hartazgo del lector, dada la exagerada cantidad de dones que recibió. Digamos, recurriendo al más sencillo y elocuente de los adjetivos de la lengua castellana, que es un “lindo” lugar. Está piola. Y que vale la pena echarse alguna vez un recorrido por allí, aunque sea de parado.
Pese a tantas bondades, sin embargo, hay algunas lenguas maledicentes que recomiendan no ir, exagerando las consecuencias que, supuestamente, provocarían a la salud la cercanía de la central atómica de Springfield, y de la pastera finlandesa Bostia, una a cada costado. ¿Y con eso qué quieren decir?
Otros, puritanos extremistas, condenan el sitio porque el convento ha sido transformado en un magnífico casino. ¿Es ese un buen motivo para no visitar Bolas de Fraile? Pavadas.
Tanto uno como otro argumento son irrelevantes. Como lo es también que la zona esté considerada de alto peligro sísmico por ubicarse sobre una falla tectónica. ¿Quién no tiene fallas? El que se crea perfecto que arroje la primera piedra, hermanos.
Por último, para disipar hasta la más pequeña de las dudas que pueda haber quedado, damos alborozados la noticia de que ya ha sido detenido el “carnicero de los turistas”, aquel molesto asesino serial a quien se le atribuyen tantas muertes en la zona.
Ya no quedan excusas, entonces, para viajar hasta Bolas de Fraile y disfrutar de sus bellezas naturales. Y también... ¡de sus delicias gastronómicas! Porque a partir de ahora el agua y la comida son traidas de otra parte para evitar los riesgos de contaminación.
(Los impermeables para la lluvia ácida son provistos gratuitamente por la empresa)
servido por risas
3 comentarios
compártelo
17 Septiembre 2007
La vida del filósofo y metafísico francés Claude Marenoy aparece envuelta en tienieblas, dentro de un velo, cuyo color, tamaño, sabor y rugosidad dependen del gusto del cliente. Así las cosas, poco es lo que se sabe de ella. Fueron varios los biógrafos que intentaron conocer sus secretos, bucear dentro de su húmedos recovecos, palpar con la lengua sus plieguies ocultos, pero todo fue inútil. O todos fueron unos inútiles. Esa vida, carajo, se niega a ser desentrañada. No queda más remedio que resignarse a arañar la superficie de la verdad, a conformarse con el glande, la puntita de lo que debe haber sido el tronco de una existencia apasionante.
Marenoy empezó a hacerse conocido por sus publicaciones de carácter filosófico-espiritual, donde planteaba un modo de vida alejado de lo material, de las casas de material. Una vida al aire libre y en contacto con la naturaleza a través de modernos aparatos de comunicación.
Durante aquella etapa se lo relacionó con la pintora Amanda Pranagananda, la famosa artista hindú que llenó de grafitis las paredes del Taj Mahal y luego fue juzgada, condenada y empalada por esa causa. Pero como Marenoy no quiso relacionarse con ella, la mujer debió regresar a su país de origen. Por entonces, Marenoy practicaba mucho la misoginia. La practicaba unas tres o cuatro veces al día encerrado en el baño.
Se sabe que el filósofo fue un gran estudioso de las doctrinas y de las religiones orientales, y que se esforzó mucho, muchísimo por aportar a Occidente una visión no simplista del pensamiento de la India. Su esfuerzo, a veces llevado al extremo, le produjo no pocas evacuaciones en los momentos menos esperados, como en una conferencia o un debate con amigos en el lobby de un hotel. Es que Marenoy, cuentan quienes lo conocieron muy de cerca, era un apasionado. Y un hombre de mal aliento, también.
Hay que destacar que sus críticas a la civilización occidental partieron siempre de presupuestos metafísicos y no de la falta de presupuesto, como alguna vez se dijo, para la edición de sus obras. Es cierto que no siempre hubo gente dispuesta a publicarlas, pero una vez editadas, aquellas se volvieron indispensables. Desde entonces, el punto de apoyo que ofrecen sus libros sobre el hinduísmo es fundamental para quienes quieran profundizar en esa tradición, o alcanzar un objeto alto en un estante, dado la corpulencia de sus volúmenes.
¿Qué más se sabe de Marenoy? No mucho. Que abandonó Francia en 1930 y se instaló en Egipto para profundizar en el conocimiento del sufismo, aunque luego habría acabado practicando el surfismo en las playas de Alejandría. Que se convirtió al islam y cambió su nombre por el de Cat Stevens. Y algunos otros datos inútiles como que fumaba narguile, comía caramelos de frutilla o que prefería la ducha al baño de inmersión.
“Fue muchas personas en una”, lo definió Focault. “Quiso ser polígrafo y no pasó de haberse tomado alguna vez una radiografía”, comentó con sorna Simone de Bouvoir.
En su biografía, Paul Charconnac se refiere a él en estos términos: “No se le puede definir, ni clasificar. No fue un orientalista, no fue un historiador de las religiones, no fue un poeta, ni un ocultista. Tampoco era un filósofo... Se podría decir que fue un metafísico, pero la metafísica que exponía tenía poco que ver con los manuales de filosofía. Se podría decir también que jugaba bien al billar. Y eso es cierto”.
Análisis de su Obra:
Introducción General al estudio de las Doctrinas Hindúes. Fue su primera obra. En su defensa, Marenoy dijo que la escribió por encargo. Este argumento lo mantuvo al margen de las críticas y de los atentados contra su vida.
Los estados múltiples del Ser o Principios del cálculo infinitesimal. Aquí se reúnen una serie de estudios sobre simbolismo y su interpretación ortodoxa tradicional. Son de difícil lectura y comprensión hasta para el autor, quien justificó su escritura por un arrebato de inspiración y un exceso de gin Beefeater.
Tradición Primordial, iniciación y sociedades iniciáticas. Libro donde aparecen una serie de artículos publicados para la revista El velo de Isis, que posteriormente pasó a llamarse Revista de Estudios Tradicionales y luego El Olé Deportivo. Entre las sociedades iniciáticas aparecen la francmasonería, el Opus Dei y la iglesia evangélica Jesucrito llamame.
Oriente y Occidente. Obra en que el autor aborda la falta de comprensión y entendimiento entre esos dos mundos, condenados a entenderse si no quieren aniquilarse recíprocamente y perecer. Martenoy defiende una salida digna a esta tradicional oposición como vía para lograr el entendimiento entre las diferentes culturas. Propone, inclusive, en una regresión infantil, una pelea entre los guerreros más fuertes de cada lado, prometiendo para el ganador el gobierno de ambos mundos. Esta última solución terminó por causar desencanto entre los lectores, quienes habían comprado el libro pensando que era una obra seria.
La Crisis del Mundo Moderno. En este trabajo Martenoy parte de un optimismo sin límites, desenfrenado, que luego va matizando poco a poco hasta caer, en la segunda mitad del libro, en el abatimiento extremo y el pesimismo, sugiriendo inclusive fórmulas de suicidio. Las últimas hojas están en blanco o llenas de garabatos.
El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos. Sin duda su mayor obra, más completa y ambiciosa. En ella analiza la civilización occidental partiendo de los principios generales del Vedânta y situándola dentro del marco de las Cuatro Edades (Yugas) que establece la Tradición. Las conclusiones son demoledoras: el mundo es solo un planeta más en el espacio. Y ese planeta -¡el nuestro!- gira alrededor del sol... Bueno, las conclusiones de Marenoy dejaron boquiabiertos a los estudiosos de Salamanca. Veremos qué dicen los Reyes Católicos de todo esto.
Los críticos
Claude Martenoy no se salvó de las críticas ni de pagar los impuestos. Desde el mundo intelectual se le opusieron figuras de la talla de Umberto Eco (el autor de La Rosa Púrpura de El Cairo) y René Guénon, y también Paul LeCour, Gustave Bord y Franck Duquesne. La respuesta de Martenoy a estos autores figura en obras como ¡Mascalzoni! o Todos ustedes me soban bien el nabo, donde rechaza las afirmaciones en su contra con gran altura y conocimiento.
servido por risas
11 comentarios
compártelo
9 Septiembre 2007
En el día de la fecha se acaba de publicar una nota en el diario Clarín donde se dan a conocer algunos trabajos paralelos que hizo Jorge Luis Borges para ganarse la vida. Sin escaparse del lenguaje, pero en buena medida de la literatura, el gran escritor colaboró para la redacción de un folleto sobre cuajada La Martona, otro para la empresa de aviación brasileña Varig y hasta fue secretario de redacción de una revista que editaban los subterráneos de Buenos Aires.
La lectura del texto de Clarín remite inevitablemente a los distintos encargos que tuvo que cumplir -con la misma finalidad que Borges: ganarse el sustento-, el recordado músico clásico, Johann Sebastian Mastropiero. Solo cabe recordar su elogiada Cantata Laxaton, compuesta sobre la base del prospecto de un purgante.
Mastropiero y Borges tienen en común que debieron ejercer su arte sobre materiales pueriles para llegar a fin de mes. Pero en ambos casos no se salieron demasiado de su esencia: Borges debió escribir, y Mastropiero componer música. No tuvo la misma fortuna el poeta Adolfo Pérez Galván, quien entre verso y verso, oda y elegía, matizó su jornada diaria con algunos empleos que deben resultar inverosímiles para quienes hoy disfrutan con sus poemas.
El biógrafo del poeta, Ricardo Gaona, reveló hace poco en su libro Ganas de joder, que el vate fue también, en su breve vida, piloto de pruebas de Mc Laren, extra de televisión, recolector de residuos, empleada doméstica y guardia de seguridad.
En Ganas de Joder - libro que recomendamos con fervor -, el lector se entera de los inconvenientes que sufrió Pérez Galván con sus diferentes empleos, los que sin duda terminaron afectando su producción artística. Nada de ello ocurrió con Borges y Mastropiero, quienes pese a sus concesiones, continuaron deleitando al mundo con su obra inmortal.
Como no atribuir a su arriesgada tarea como piloto de Mc Laren que Pérez Galván haya agregado una serie de erres al final de cada verso de su poema Luciana. Aquellas ¡rrrr...! que siguen al final del renglón a palabras como sublime o etérea o tenue poco tienen que ver con lo que antecede. En su momento, los críticos las atribuyeron al vanguardismo poético. Hoy se sabe que su origen fue bien diferente: la onomatopeya de los derrapes en algún curvón.
Qué otra explicación que a su trabajo de extra de televisión se puede encontrar a la poesía Rosa de Lejos, donde Pérez Galván recurre, no solo desde el título sino desde el texto mismo, a cuanta muletilla se repite aún hoy en las telenovelas. Recordémoslo: "Oh, Rosa.../ Oh Rosa, Rosa.../ Tan lejana.../ ¿Cómo te sentís?/ ¿Te sentís realizada, Rosa?/ ¡Gracias por existir!, Rosa...", etc. etc...
Aquella poesía, criticada de manera salvaje en las clases de literatura, solo se justificó entonces por el alcoholismo de Pérez Galván, su conocida afición al ajenjo de sus últimos días. Nunca se había sospechado una explicación tan distinta.
El repaso de los libros de Pérez Galván permite advertir que el origen de otros tantos poemas fueron el resultado de sus labores para ganar dinero. Es el caso de Mendrugo de pan ("...mendrugo de pan/ papel de embalar / celofán manchado / pomo de dentífrico / yerba usada...") o de Mande señorito ("el niño ya viene / me quiere apretar / Me roza con sus manos / me alza la falda / me hace trastabillar y perder la estabilidad / Todo la vajilla se va al carajo..."). Allí tallaron el recolector de residuos y la empleada doméstica, sin dudas.
No se conoce, o al menos eso opina Ricardo Gaona en su libro, poesía donde se pueda rastrear su ocupación de guardia de seguridad. Es cierto. Pero el autor pasa por alto en su biografía la hasta ahora inexplicable muerte de Pérez Galván, baleado a mansalva en la puerta de una fábrica de cartón corrugado en Villa Tessei.
servido por risas
4 comentarios
compártelo
30 Julio 2007
Un estudio realizado por la consultora británica Parson & Parson reveló que el juego cibernético más popular sigue siendo el clásico solitario de Windows, pese a la infinidad de productos que se han lanzado al mercado en los últimos años. De acuerdo con el sondeo, hecho en diferentes capitales del mundo, el 70 % de los usuarios de computadoras pasan unas dos horas al día intentando solucionar los problemas que generan las barajas del solitario, mientras que el 15% afronta el desafío intelectual de nuevos juegos, el 8% gasta sus horas en la playstation y un 7% no supo o no quiso contestar a la requisitoria de los encuestadores o inclusive se molestó con la pregunta.
El solitario es un juego demasiado simple pero, pese a ello, casi nunca es resuelto. Según los expertos esa sería una de las claves de su éxito: “Hemos comprobado que aunque se juegue durante cinco horas consecutivas, solo puede resolverse unas cuatro o cinco veces, no más. Y casi nunca debido a la pericia del jugador sino al azar, lo que enfurece a las personas y las lleva a reincidir una y otra vez. Hemos estudiado casos de gente que pasó semanas sentada frente a la computadora, hasta que finalmente la partió de un hachazo”, reveló un funcionario de Microsoft.
El solitario de Windows fue inventado por Jamal al-Mustafari, un dependiente sirio de Microsoft, quien pese al éxito del producto no obtuvo demasiadas compensaciones: “Jamal era un tipo muy extraño –contó un ex compañero desde la cama 181 del centro neuropsiquiátrico de Arkansas.- Trabajaba en la sección de embalaje y era feliz, lo que llamó la atención de Bill Gates, ya que no le pagaba lo suficiente. Jamal le dijo al dueño de Microsoft que estaba satisfecho porque había inventado un juego muy entretenido... ¡Era el solitario!... Bill no dejó pasar la oportunidad para aprovechar el invento de Jamal y echar al inmigrante ilegal de la empresa...”.
Algunos de los fanáticos del solitario de Windows son famosas estrellas de Hollywood, políticos, deportistas y hasta abogados. “Sabemos que el presidente Bush es uno de los más entusiastas –dijo Steve Marlowe, de Microsoft- aunque no sé si difundir esto nos traerá problemas con los clientes”.
Tom Cruise, actor y miembro de la Iglesia de Cienciología Internacional, es otro de los grandes adeptos al juego: “Lo que me gusta del solitario de Windows –confesó hace poco a la revista People- es que lo puedo entender. No dije resolver, pero sí entender. Y eso es muy importante para mí; me da seguridad para la vida y me hace actuar con coherencia y sentido común”.
En los corrillos del Vaticano se cuenta que el Papa Juan Pablo II era otro fanático del solitario. Un abate próximo a la cúpula cardenalicia, manifestó que el religioso polaco estaba completamente lúcido hasta que se encarnizó con el solitario: “Todos saben que hablaba varios idiomas... bueno, después de tres años de intentar ganar al solitario se le empezaron a mezclar las lenguas y su discurso se hizo ininteligible. No se sabía si el Angelus lo decía en latín o en portugués. De todos modos esto no fue un problema, porque cuando hablaba a las multitudes y no se entendía nada, se suponía que hablaba un idioma ajeno para el oyente. Y así mantuvo su prestigio de políglota”.
Entre los artistas de rock, el más consecuente cultor del solitario de Windows es el inefable Keith Richards, a cuya afición sin freno atribuyen sus más cercanos amigos las estrías y pozos que surcan su rostro: “Todos creen que tiene la cara así por el exceso de alcohol y de drogas, pero en realidad es una consecuencia de la malasangre que se hace cuando juega al solitario entre gira y gira”.
servido por risas
3 comentarios
compártelo
16 Mayo 2007
No es nuevo decir que Roger Corby siempre sorprende. Pero esta vez, con El Hombre que nunca existió (Miss Mary sings blues on the Mississippi river) realmente se ha superado. Es más: no caben dudas de que hubo un cine hasta la exhibición de esta película y habrá otro a partir de ella. No solo porque el Estrellas, la sala donde se estrenó, será demolida en dos semanas, sino porque su calidad de filmación ha llegado a límites insospechados, digamos que hasta insoportables.
Haciendo caso omiso a las críticas que recibió por su película anterior, Fat Man, donde 3.114 gordos en malla desfilan orondos durante los 145 minutos que dura el film, Corby redobló la apuesta con El Hombre que nunca existió. Redobló la apuesta y posiblemente haya perdido todo, pero ¡vaya tributo al arte!
Esta nueva cinta está filmada totalmente en blanco y negro, lo que permite el lucimiento de la fotografía, de la iluminación y del negro Sylvester Arduna, su protagonista, cuyos rasgos son resaltados en cada secuencia. Corby, siempre obsesivo, admitió luego ante la prensa que mojaba la cara del actor antes de cada escena, aún frente a situaciones donde no parecía tener sentido hacerlo, como cuando Sylvester duerme o en aquella donde se queda encerrado 11 días dentro de una cámara frigorífica.
El Hombre que nunca existió es un thriller negro, no solo por la presencia de Arduna sino porque son tantos los enigmas que plantea el film que poco es lo que se entiende al final.
“Quiero que la gente analice por sí misma. Que no le den todo hecho y empaquetado. Quiero que piense, que saque sus propias conclusiones. Y si no entendió nada, que se joda”, desafió Corby, después de ser increpado por un grupo de cronistas, luego detenidos por los hombres de seguridad.
El director consigue su objetivo de desorientar a la platea desde el comienzo. En efecto, en la primera escena muere la madre de Paul, un quintero de Arkansas, para luego volver a aparecer viva y sana a mitad de la película, sin que haya mayores explicaciones. Rudy, el papel que hace el negro Arduna, confiesa en determinado momento que asesinó al jefe de policía. Es juzgado y condenado a muerte. E inclusive se lo ve con su rostro sudoroso (como siempre) sentado en la silla eléctrica. Pero luego la imagen, sorpresivamente, muestra en primer plano al público presente en la ejecución y Arduna aparece mezclado entre ellos cagándose de risa.
¿Qué quiso decir Corby con esta transposición de personajes? ¿Qué busca con esta provocación? ¿Una trompada? ¿Más puntapiés? Solo él lo sabe, y esto es lo bueno del cine de Corby. Un cine de compromiso, de culto, que ya suma unidades, decenas y centenas de fanáticos.
Calificación de la película: mala.
Salas donde se exhibe: Estrellas.
Duración: 160 minutos.
Protagonistas: Silvestre Arduna, Rufus Mandley, Laura del Sol, Carlos Scaziotta, Elina Colomer, Peter Lorry.
Distibuidora: Marimax.
Precio de las localidades: a la gorra.
servido por risas
2 comentarios
compártelo