Futboluderias
Que bueno está esto:
futboluderias.blogspot.com
15 Enero 2012
12 Diciembre 2011
Uno, que se ha criado con lo básico, comiendo arroz con palitos, andado en bicicleta hasta 400 kilómetros por día, y que tuvo que aprender de memoria el libro rojo de Mao, no entiende cómo estos tipos de la Argentina vienen de tan lejos y, de la nada, abren y abren supermercados. ¿A qué vienen a la China? ¿De dónde sacan la guita?
Lo primero que me da bronca es que no saben ni jota de nuestro idioma. Y ni se calientan por estudiarlo. Se los oye cotorrear entre ellos en esa jerga que ni sé cómo se llama (creo que portugués), pero cuando se les pregunta dónde están las latas de tomate o las servilletas de papel es imposible que te entiendan. ¡Y eso que el chino es fácil, eh! Pero si no hay voluntad…
Luego le ponen esos nombres a los negocios… El boliche de Carlitos, Almacén Don José… Nunca vas a ver un Wang, Estrella de la mañana, Sol Rojo, La muralla… ¡Qué gente!
Después, no hay supermercado donde no esté puesta esa musiquita argentina por los parlantes, todo el tiempo. Nunca vas a oír música china. ¡Cómo les cuesta adaptarse a nuestras cosas!
Ah, eso sí… con la guita no se equivocan. Saben bien los valores de los billetes y no los podés pasar ni una vez. Jamás me dieron un yuan de más. Nunca.
Y no les vayas a discutir que tal producto está vencido o que la leche estaba cortada porque se hacen bien los boludos y te contestan 我不明白, que es lo único que saben en chino: no entiendo. ¡Mentiras!
Y visten… Es una moda extrañísima con esos pantalones apretados y yo qué sé que más. Nunca una pollera floreada, un pantalón ancho, un buen par de ojotas…
Al mediodía se los puede ver comiendo en los rincones. ¿Qué cosa? Meten un pedazo de carne adentro de un pan… ¡y se lo comen! ¿Será carne de gato? Quién sabe. ¿Arroz? Nunca los vi comer arroz. ¡Ni siquiera los fideos que comen son de arroz!
Volviendo al principio: ¿A qué vinieron a la China? Dicen que nos usan como un puerto intermedio porque su objetivo es juntar plata para instalarse en Japón. Puede ser. Allá la vida es más moderna, hay que reconocerlo. Y también dicen que cuando llegan a ese país cambian de rubro. No ponen supermercados sino tintorerías. Eso dicen. ¿Será cierto?
!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->
14 Julio 2010
Tandil, 1835.
La tarde se había puesto plomiza de golpe, y el aire enrarecido. Casi toquetón. El silencio de la siesta empezaba a ser corrompido poco a poco por una ligera sacudida que nacía en el piso, crecía en las ramas de los árboles y se hacía adolescente en los techos de las casas.
-¡Cuidado! ¡Se viene el madón! –advirtió a duras penas Ayala con su media lengua. Hombre grande y valiente, había aprendido tarde a hablar. Y mal. La exagerada parquedad de sus padres lo había inutilizado para la oratoria.
-¡El madón! ¡El madón! –insistía.
-¿El marrón?
-¿Qué le pasa a éste? ¿Está alzado? –se preguntaban.
Hasta que la turba india, la nube de polvo que envolvía en el horizonte a la caballada del cacique Temblequeo, era demasiado evidente.
-¡El malón! –concluyó uno al fin.
-¿Y yo que dije…? – se resignó Ayala.
El pánico cubrió la villa como una mortaja negra. Todo era vértigo. Los que antes dormían, ahora iban a los saltos y en calzones buscando un fusil. Las mujeres desesperaban por sus hijos entre llanto y grito. Y los soldados, hartos de mate y truco, se agachaban entre la empalizada del fortín esperando la embestida.
-Seguro que vienen por tabaco, yerba y alcohol, como siempre, ¿no es cierto?... –comentó nervioso el capitán Funes.
-Si... si. Nos han tomado por un maxikiosco, estos salvajes – agregó el sargento Núñez.
-El problema, sargento, es que siempre se llevan alguna cautiva.
-Y a veces también la devuelven ¿Se acuerda de Martina, la linda? La arrebató ese Bizqueo, que ve poco, y casi se muere del susto… Era tan fea que le dolía la cara, mire…
-¿Era fea y le decían “la linda”?
-Una broma.
-Ah.
-Y la cosa no terminó ahí. Bizqueo se calentó tanto que nos quiso hacer juicio.
-¿Juicio? ¡Qué locura!...
-Perdió el juicio.
-¡Ah!... Lo hizo nomás…
-No. Digo que perdió el juicio: se volvió loco.
La charla seguía mientras los indios ya estaban frente al fortín
-Hay que tratar de mantenerse serenos, pensar en otra cosa… ¿Le gusta la mermelada de arándanos, sargento?
-Disculpe, capitán, pero la indiada quiere hablarle. Me preguntan por usted.
-¿Por mí? Qué amables…. Dígales que estoy bien.
-Quieren que baje del mangrullo, capitán. Dicen que si no viene, queman el fortín.
-¡Ya voy, ya voy!...
Y bajó el capitán. Ahí lo estaba esperando Temblequeo, montado en su pangaré. Detrás de él unos mil… unos diez mil indios.
-¿Usted es el capitán Funes?
-El mismo, don Temblequeo. ¿Qué se le ofrece?
El indio lo miró fijo como si estuviera haciendo cirugía plástica.
-Es lo que digo yo: qué se me ofrece… Porque recién llego y no se me ha invitado ni a desmontar, carajo.
-Desmonte nomás.
Y el indio desmontó. Y si arriba del caballo daba miedo, en el piso daba risa: era pequeño, no más de un metro y medio de altura. El capitán esbozó una sonrisa….
-¿De qué se ríe?
-Nada, nada Temblequeo… Mande nomás. ¿Qué precisa? Yerba, arroz, lentejas…
-Cautivas.
-¿Cautivas? No, no… no me queda nada. No me están entregando.
Temblequeo volvió a mirarlo fijo, como si precisara de anteojos.
-¿Se burla de mí, huinca?
-¿Yo? Cómo se le ocurre…
Siguió un silencio de esos que anticipan algo grave. Los indios miraban las espaldas de Temblequeo. Los soldados las del capitán Funes. Y Temblequeo y Funes se miraban las caras.
-Deme dos cautivas y una bolsa de yerba y no lo jodo más, Funes.
El Capitán se quedó sin palabras. La oferta era tentadora: dos mujeres por la vida de toda la villa, incluyendo la suya, por supuesto. Pero, ¿qué mujeres? ¿Qué dirían los maridos? ¿Qué dirían los soldados de tan tremenda agachada? ¿Qué dirían los libros de historia? Y las cautivas, además… Muchos dilemas para resolverlos tan rápido y así.
-Deme tiempo, Temblequeo. No es fácil…
-Tiene una hora. Después le quemó el fortín y todo el relleno.
Funes regresó a la empalizada y se puso a hablar con el sargento. Al fin y al cabo era el único que llevaba una tira arriba del hombro. El resto era tropa rasa.
-¿Qué hago, sargento? Estoy entre la espada y la pared.
-Y por qué no se corre más para acá…
-No joda.
Temblequeo los miraba cuchichear. De pronto parecía que llegaban a un acuerdo, pero enseguida alguno de los dos milicos se golpeaba la frente con la mano, como si se hubiera acordado de algo que invalidaba todo y volvían a conversar. Y así un buen rato, hasta que el cacique perdió la paciencia.
-¡Ya perdí la paciencia, huinca! –dijo con voz firme.
El capitán y el sargento se miraron con terror.
-Es que no es fácil, cacique. Por qué no arma un malón y se lleva lo que encuentre, así, al azar -sugirió el sargento Núñez
Temblequeo miró hacia atrás, como esperando alguna señal de los suyos, y volvió a convocar al capitán.
-Me parece que tiene problemas, ¿no? –contemporizó. Su voz era otra, como si antes la hubiera impostado y ahora estuviera charlando con un actor amigo en el camarín.
-Y si…. Vio como son estas cosas.
-Mire huinca… no…
-¿Por qué me dice huinca?
-Déjeme terminar, después le explico. Me parece que podemos arreglar con una cautiva. U-na so-la… más una bolsa de yerba y un fardo de tabaco. ¿Cómo lo ve? No lo quiero presionar tanto.
-Mucho mejor, mucho mejor –se entusiasmó el capitán- Enseguida vuelvo –prometió.
Y se reanudó la charla entre el capitán y el sargento. El resto de los milicos miraba con un ojo a sus superiores, con otro a los indios y con el otro la punta de sus fusiles. Las gotas de sudor que araban sus caras ya habían formado canales. La indiada, entre tanto, mantenía erguida la vista y enhiestas sus lanzas, como si posaran para un cuadro de Molina Campos.
-Venga, don Temblequeo –convocó al final el capitán Funes. El jefe indio se acercó con recelo, que así se llamaba su caballo.
-Aquí estoy.
-Hemos hecho un censo rápido a ojo de buen cubero, y la verdad que esta vez no le podemos dar una cautiva.
-¿Cómo?...
La pregunta del indio salió disparada como chicotazo, repercutió en los oídos del capitán, pegó contra la empalizada del fuerte y se perdió entre los yuyos.
-Esta tarde no… Vea, le explico –dijo el capitán con temor de que fueran sus últimas palabras- Las mujeres que quedan están viejas y gordas… Y hasta hay una que no tiene pelo. Ustedes ya se llevaron las mejores…
-Pero… ¿Cómo es posible?
-¿Lo del pelo?
-¡No!.. Que no queden muchachas jóvenes y hermosas… ¿No le queda ninguna modelo? - se relamió con lascivia el indio.
-Si. Una modelo 43… Vea Temblequeo, nadie se anima a venir para acá últimamente. Dicen que hay mucha inseguridad. Aunque ahora que me acuerdo…
-Ahora que se acuerda qué, Funes… ¡Hable o lo chuceo aquí mismo enfrente de sus soldados, carajo!
-¡Epa!... Cómo se puso…
-¿Y cómo quiere que me ponga! Yo no estoy jugando. Hable. Hable Funes o me dejo de llamar Temblequeo y la pu…
-Bueno, bueno… Está bien. Me queda una cautiva.
La noticia trajo alivio a los soldados, que ya se la veían brava. Hubo un relajamiento general y se oyeron soplidos y peditos.
-¡Y qué espera para traerla, Funes! ¡Traiga la cautiva, carajo! Me cache en dié, la pu…Que me hace embalar, che… Que me hace embalar y sudo como gitano, Funes…
-Está bien, está bien –lo tranquilizó el capitán- Ya la hago llamar. Pero, ¿no quiere antes conocer algunos detalles?
-¿Algunos detalles?
-Si, si. Nombre, edad, medidas… esas cosas. ¿Le interesan?
-¡Y claro que me interesan!.. A ver, lo escucho. ¿Cómo se llama?
-José.
-¿José?
-María José.
-¡Ah! –replicó el indio pasándose una mano por la frente-. Este… ¿Y cuántos años tiene?
-Veintipico….
-¿Veintipico?... ¡Muy bien!... Veinticinco, veintiocho…
-Treinta y seis.
-No dijo…
-Veinte… y un pico de dieciséis más. ¿Le parece mal?
-No… Está bien, está bien… ¿Y las medidas?
-Noventa sesenta noventa.
-¿Noventa sesenta noventa?... ¡Perfecto! Es la mujer ideal.
-Noventa de altura, sesenta de tetas y noventa de culo.
Una flecha de hielo atravesó el corazón de todos los presentes. La revelación del capitán dejó sin sangre las venas de todo humano a cien metros a la redonda, anticipando un irremediable destino de tragedia griega. El silencio se hizo tan ensordecedor que a dos soldados y un indio les sangraron los tímpanos.
“No está mal” se creyó oír entonces entre el estruendo de los corazones agitados y las respiraciones aceleradas.
“No está mal”, articulado con una vocecita fina, algo melosa, asomándose apenas entre la multitud de quejidos y convulsiones.
“No está mal” saliendo de la boca del pequeño cacique, satisfecho de haber encontrado al fin lo que en el fondo siempre anduvo buscando.
5 Octubre 2009
Hoy está con nosotros la afamada experta en razas caninas Pastora Alemán, quien nos contará algunos secretos del mundo de las mascotas, que no queda tan lejos de aquí, je... Así que, señora, deje lo que está haciendo y siéntese para ver y escuchar esta nota que va a estar muy interesante. Antes que nada Pastora, gracias por estar aquí…
-De nada.
-Gracias por venir…
-Lo mismo digo.
-Pastora, la primera preguntita. ¿Cuántas razas de perro hay? Si alguna vez se las contó, claro…
-Muchas. Y no exagero. Son tantas que los especialistas que las rastrearon por el planeta terminaron agotados y acabaron por rendirse.
-¡Qué interesante!...
-No crea. Hay cosas más…
-Hablando de razas…el pequinés, ¿de qué lugar es originario?
-Como su nombre lo indica, de Pekín.
-¿La India?
-Exacto.
-¿Y el chihuahua?
-De México, creo. O de Noruega, no estoy segura. No vine preparada. Lo que si le puedo decir es que estos animalitos antes eran devorados por los hombres ya que los consideraban un manjar exquisito… Bueno, esa costumbre, por suerte, fue abandonada y hoy ya no se practica. Se perdió para siempre la degustación de aquel plato de reyes, sabrosísimo, un poco salado quizás…
-Pastora, ¿qué me dice de los siberianos?
-¿Qué pasó?
-Hablo de los perros siberianos.
-¡Ah!, que tonta… Los siberianos, ¿esos que tienen los ojitos celestes, no? Bueno, es un perro muy fiel… Está considerado, le cuento, el mejor amigo del hombre…
-Pero…
-Si, si… Lo he oído en alguno de los foros a los que asistí y hubo gente, no digo toda, “gente” (gesto con los deditos) que dijo “es el mejor amigo del hombre”… ¡La pucha! La frase me pareció hermosa y es bueno que usted me haya hecho ahora esta pregunta…
-Pastora…
-Porque no quería que ese recuerdo muriera conmigo, la verdad. Es más: no me quisiera morir nunca, vio cómo es la vida, ¿no?... Con plata mejor, claro, pero de todos modos…
-Pastora, no se vaya por las ramas… Hablemos del dogo, ¿qué le parece?
-Como propuesta de conversación, poco atractiva… Pero ya que estamos aquí… Bueno, esta raza tiene dos ramas: el dogo común o tradicional, de toda la vida, que va a Quilmes, y el dogo argentino, una especie nueva y muy codiciada, que va a Temperley. El común ya sabemos que es un perro muy fiel, amigo del hombre, pastor de ovejas y muy guardián.
-¿Y el dogo argentino?
-También.
-…
-…
-Unas palabras para el dobermann.
-¿Se murió?...
-Algún dato. Algo…
-Buen perro el dobermann. Algo discriminado por su color, pero buen animal. Y le aclaro que es un mito eso de que el cerebro le crece y el cráneo no, y que por eso hay que arrojarlos a la basura a los cuatro años y medio. En realidad es al revés: le crece el cráneo y el cerebro sigue igual, pequeño, chocando contra las paredes. Por eso algunos se vuelven locos y otros se van al sur, al Bolsón o al Uritorco, depende…
-¿Por qué cuando son cachorros le cortan las orejas y se las pegan con cinta a la cabeza?
-Un dobermann me hizo la misma pregunta, muy angustiado.
-Pastora… Sáquenos de esta perplejidad. ¿Hay algún perro que sea más bueno que Lassie?
-No.
-Claro, claro… A ver, a ver…. Acá nos llegaron algunos mensajes de los televidentes. ¿Se anima a contestarlos?
-No me parece un acto tan valiente, la verdad…
-El benji, dice… ¿Qué raza viene a ser?
-No hablemos de razas, por favor, a esta altura de la historia…
-A ver ésta otra… ¿Qué me dice del San Bernardo? ¿Es cierto que siempre lleva consigo un barrilito con whisky colgado al cuello?
-Es uno de los problemas que todavía no hemos podido resolver: el alcoholismo de este animal. Estamos investigando para saber quién le vende el barrilito, porque creemos que no hay que penar al consumidor. Pero hay una mafia muy grande que se dedica a eso, la verdad… Y si seguimos buscando no sé adónde vamos a llegar... Y hablo de arriba, bien arriba….
-¿Le parece?
-Si, si… Arriba, arriba…
-¿Arriba? ¿Dónde?
-Arriba de la montaña, claro…
-Ah.
-Y si…Qué calor hace en el estudio, ¿no? Me permite esa revista para abanicarme, Carrizo.
-No soy Carrizo. Soy Badía.
-Disculpe.
-Una última consulta. ¿Es cierto que el Rottweiler es tan peligroso?
-¿El qué?
-El Rottweiler
-Ah!... No le entendía la pronunciación. ¿Es alemán, no? Bueno, esos perros son bravos, son bravos, la verdad… Yo le diría que no los ponga a cuidar jardines maternales y esas cosas porque de golpe ven un nene y piensan que es un paquete de Eukanuba. Hay que tratarlos con manos de seda y con pie de plomo. Hay que ternerlos cortitos, con la soga cortita, y no darles la mano porque se toman el codo… Se morfan el codo, en realidad…
-Bueno. Gracias por las explicaciones, Pastora. Y esperamos verla de nuevo por aquí muy pronto.
-Encantada. Eso si, me gustaría alguna vez hablar de temas más existenciales...
-Bueno, pero usted es veterinaria…
-Me refiero a la lombriz solitaria, el gato encerrado… en sí mismo, el perro del hortelano, el pato criollo… y esas cosas, ¿vio?
20 Febrero 2009
-Tengo un programa muy lindo en el cable, ¿viste? Se llama “de vinos, tequila y algo más”.
-¿Algo más ¿Qué más?
-Yo qué sé. Valijas, por ejemplo.
-¿Valijas?
-Hablo de todo. De marroquinería, marrocs, marrocos, yo qué sé… ¿Sabés qué pasa? Yo soy un muchacho…
-¿Muchacho?
-Un muchacho con muchos intereses, ¿sabés? Por ejemplo: el tango. A mi me gusta el tango.
-Bueno…
-Un día, sentado a la mesa de esa confitería de San Martín y Corrientes, que ya no está, me encontré con Julio.
-¿Julio?
-Julio Togán, el marqués del tango le decían. ¿Te acordás?
-No.
-Bueno. Metió la mano en el bolsillo y sacó un papelito. Y me dijo: Mirá Rúben.
-¿Rúben?
-Si, el me decía Rúben. Mirá Rúben, me dijo, lo que escribí.
-¿Y qué era?
-La boleta de la luz. Se equivocó al agarrar el papelito. Pero después lo encontró y me lo hizo leer.
-Y…
-Y me emocioné. Hablaba del barrio, del acordeón, de la mina que lo había dejado y del barrio donde nació.
-Bueno… Muy original no era…
-No, pero él lo decía todo con tanta pasión… Se puso de pie y empezó a recitarlo de memoria, a los gritos… Fue en cana…
-Y…
-Después lo quise sacar, pero solo pudo acercarle cigarrillos. Se había encariñado con otro preso.
-No me digas qué…
-Y… Bueno, no en vano Julio fue un pionero en eso de los peluquines rojos que llevan los tangueros. El fue el primero y el resto lo siguió.
-Cuántos recuerdos.
-Y sí. El otro día, por ejemplo, me topé con el torito de Mataderos, ¿te acordás?
-¿Y qué pasó?
-Quedé hecho mierda…. Está viejo, pelado, gordo y soltero. Con decirte que no me reconoció… Después me fijé bien y me parece que no era él.
-Qué lo parió.
-Pedime un anís.
-Yo paso.
1 Febrero 2009
“Los cohetes han producido desgracias lamentables, entre las que recordamos se encuentra el caso de la señora doña Micaela Peralta, de 32 años de edad que, llena de vida, asistía a la función de la Recoleta acompañada de sus tres hijitas cuando, repentinamente, un cohete volador, atravesando el espacio horizontalmente, fue a herirla en la frente, despedazando el cráneo y produciendo una muerte inmediata…”
-¿Eso cuándo fue?
-En 1800 y pico, en Buenos Aires. Lo cuenta José Antonio Wilde en Buenos Aires desde setenta años atrás. ¿Sabés a qué se refería? A los festejos del 25 de Mayo. El famoso cohete era fuego artificial, una cañita voladora, supongo...
-¡Qué lo parió!
-¿Y sabés quién era esa mina, Micaela Peralta? Mi tatarabuela…
-No…
-Y una de sus tres hijitas, obvio, mi bisabuela. ¿Sabés cómo murió mi bisabuela? De una bala perdida. Festejaban otra vez el 25 de Mayo, allá a fines del ochocientos cuando una bala perdida le cayó justo en medio del marote, de la cabeza. Fatalidades, que les dicen…
-La puta… No te puedo creer, la verdad…
-Y eso no es todo. Mi abuela…
-No me digas…
-No, mi abuela no. La hermana de mi abuela, mi tía abuela, ¿sabés cómo murió? Caminaba por la avenida Alvear, arteria elegante si las había, cuando de repente un piano se le cayó encima. La hizo crema.
-¡Qué desgracia!... Esteee, ¿fue un veinticinco de mayo también?
-No.
-Menos mal.
-Se rompió una cuerda… en fin. Decí que era un Steinway, por lo menos.
-Un Steinway ¿Qué importancia tiene?
-Y… no es lo mismo que te aplaste un piano de estudio marca pichicho. Pero la historia no acaba allí. Un primo de mi mamá, Eladio, no sabés cómo murió…
-Dale, contá. Ya estoy regalado…
-Caminaba tranquilamente, y subrayo eso de tranquilamente porque era un tipo muy atildado, un nene bien, impecable, traje y corbata, yo qué sé… Caminaba, decía, muy duque por una calle de Mataderos cuando desde la ventana de una casa salió disparado un corcho de sidra, con tanta puntería y violencia que se le incrustó en un ojo. Lo llevaron de urgencia al Santa Lucía, todo bien… Pero el caso es que se le hizo una infección que lo terminó llevando al viejo… En fin.
-Qué te puedo decir… Todas maneras pelotudas de morir, la verdad. Parece un mal de familia.
-Espero que no.
-Morir así, tan al pedo…
-Y…
-Como si uno al cruzar la calle con un amigo, justo en ese momento, sufriera un paro cardíaco y quedara seco, poco después de decir, por ejemplo, “parece que hoy va a llover”… Que feo que con el tiempo alguien preguntase cuáles fueron sus últimas palabras y tengan que decir “parece que hoy va a llover”…
-Triste, la verdad. Mejor morir en una batalla o aplastado por un Rolls Royce.
-Si.
-Escuchá esto otro y no te jodo más. Mi sobrino, un pibito, no sabés cómo murió…
-¡No me cuentes una de pibes!
-Rapidito. Estaba en Mc Donalds comiendo una hamburguesa con unos amigos. Al rato fue a buscar una coca al mostrador, y viste cómo son en ese lugar, todos andan a mil por hora, a la puta que lo parió, de aquí para allá, a los pedos. Bueno, el caso es que uno de los empleados que limpiaba las mesas, de torpe, le dio un codazo en el hígado. Nada del otro mundo. Pero el pibe se agachó por reflejo al mismo tiempo que alguien abría la puerta de una heladera… ¡Pum! Flor de tortazo en la frente: al suelo. Al instante, porque todo fue muy rápido, por el escándalo, retrocedió una de las filas que había frente a una de las cajas, y todos, todos, fueron pisando al pibe dando saltitos…
-¿Cómo dando saltitos?
-Es que todos se espantaban cuando sentían un cuerpo debajo y daban un par de saltitos… por la impresión, supongo… Bueno, te la hago corta. Parece que uno le metió un tacazo en el diafragma, yo que sé… Se quedó sin aire… En fin.
-Qué bárbaro…
-Y sí.
-Y vos, ¿no tenés miedo de que te pase algo así, tonto e inesperado?
-El otro día se cayó uno de esos balcones coloniales que hay en San Telmo. Por suerte iba por la vereda del frente. ¿Sabés qué pensé en ese momento? Quién habrá vivido alli, porque es una casa viejísima. ¿Y sabés lo que averigüé? Era la casona de la familia Peralta, la de Micaela, mi tatarabuela. Hoy es el museo del vestido o algo así.
-¡No me digas!
-Eso ocurrió el 25 de mayo, ¿qué tal? Y eso no es todo. El otro día visité el museo, te imaginarás. Lo primero que vi en la sala principal es un piano Steinway.
-¡Qué ironía!
-En otra de las salas hay un cuadro de mi tatarabuela. Está sentada, tres cuartos de perfil como se pintaba entonces… le descubrí una sonrisita, breve, una insinuación nomás.
-Un sonrisita…
-Si, como diciendo “ya te va a llegar a vos también”…
-Qué imaginación… Estás un poco obsesionado.
-¡No! que va… Estoy prevenido, eso sí. Y me cuido bien. Por ejemplo, cuando veo una obra en construcción cruzo la calle por las dudas de que a un albañil se le caiga el fratacho. O cuando hay un desfile no salgo a la calle por si a alguno se le escapa un tiro. No te olvides que son todas muertes pelotudas, exabruptos del azar…
-…
-Nunca paso entre dos autos estacionados ni cambio la bombilla eléctrica ni piso esas plataformas de madera que se ponen en las veredas cuando hacen arreglos, por las dudas de no terminar cinco metros bajo tierra o electrocutado…
-Bueno, che, basta de tanta pálida y disfrutemos de la comida que ahí llega.
-¿Qué pediste?
-Trucha con salsa holandesa, el plato de acá. ¡Mirá lo que esto! Ni te imaginás lo que es esta salsita con espárragos… ¿Querés probar?
-Dale.
-Cuidado con las espinas.
-…
-¿Y? ¿Qué te parece?
-…
-¿Y?
-…
-Negro, estás morado… respirá… ¡Mozo!
16 Enero 2009
-Estoy viejo y choto, caraco…
-¡No diga eso, nono! Si está hecho un pibe…
-¡Ma qué pibe ni pibe! Me vi en una foto y parezco mi papá.
-Es que ése era su papá, nono. ¿No se dio cuenta?
-¿Era mi papá? Ya no distingo nada… ¡Estoy viejo y choto!..
-¡Pero no, nono!
-Si. El otro giorno quería acordarme del gol de Grillo a los ingleses… y no pude.
-Bueno… Es que fue hace mucho…
-¿Cómo hace mucho?... ¿No fue el domingo pasado?
-No, abuelo. Eso fue en 1953, hace más de cincuenta años…
-¡No me digas!.. Con razón…
-Por eso no se acuerda…
-¿Ah si? ¿Y cómo me acuerdo del día que lo echaron a Juárez Celman, el burrito cordobés?
-¿De eso se acuerda? ¡Pero no puede ser!... ¿Cuántos años tiene, nono?
-Ochenta y uno.
-Entonces no puede ser… Eso pasó en 1890. ¿Cómo se acuerda?
-Es que lo leí en un libro.
-…
-¡Ja, ja!... Te codí, nene. Ahora andá a comprarme mortadela que tengo hambre.
-No coma ahora, nono, que después no cena.
-¡Ma quien te dico eso! Me mangio la mortadela como aperitivo, y después me mangio la cena que hace tu mujer…
-Pero le va a hacer mal…
-No digas eso de tu señora, que cocina bien. Si te escucha, te mata…
-No digo eso… Eh… Nono, ¿se acuerda el numerito que me mandó jugar el otro día? ¿El 48?
-Si, ¿qué pasa?
-Salió a la cabeza y a los premios.
-¡No me digas!... ¿Cuánto ganamos?
-Nada. No lo jugué.
-¿Cómo?
-Es que no quiero alentarle los vicios…
-¡Maledetta suerte! ¡Me tocó un nieto pelotudo!...
-¡Era una broma!... Acá está la plata…
-¡Ya me parecía!... ¿Cuánto ganamos? ¿Dos millones?
-¿Qué dos millones?... Setenta pesos.
-¿Setenta pesos?
-Y claro. Usted me dio un peso para que lo jugase a la cabeza: setenta pesos.
-¡Setenta pesos di merda…! No quiero nada, guardátelos…
-¡Nono!
-Guardátelos o comprate algo vos.
-Nono, yo…
-Tenés razón. Andá a comprarme mortadela y traeme el diario El Mundo que hoy no lo compré. Con el vuelto salí de paseo con tu señora y los pibes, andá, andá…
-Pero nono
-Andá tranquilo. No me agradezcas nada.
5 Enero 2009
Este es un concurso abierto a todos los escritores del mundo, sin condiciones de ningún tipo, raza, credo o religión, ni siquiera de edad, siempre que hayan nacido en España y tengan menos de 31 años.
Se trata de un certamen literario de relato breve y de tema libre, y también de extensión libre, que solo tiene como consigna que se cumplan los siguientes parámetros: tratará sobre el exterminio de urracas en Avila y su relación con el nacimiento del requiebro o piropo.
Las obras serán seleccionadas por un jurado de primer nivel, integrado por catedráticos de la Universidad de Salamanca que, para mantener la mayor ecuanimidad posible, nunca han estado en jurado alguno. Ni son tampoco escritores, ni profesores de lengua, y ni siquiera han leído jamás un libro. Como que dos de ellos son el profe de educación física y su ayudante, cuyo aspecto, si los conociereis, no dejarían duda sobre su igno… cencia. Su inocencia absoluta en estas lides.
El premio para el ganador estaba previsto en seis mil euros, pero luego de la crisis de Wall Street ha quedado reducido a una estatuilla de bronce, que puede ser abonada en dos oportunidades.
También habrá algunos áccesit.
Eso creemos.
Las obras deberán enviarse por correo postal (no se aceptarán envíos por Internet, porque…. ¡porque nos place así!) a esta dirección (1) o ser entregadas personalmente. La forma de presentación es la siguiente: encuadernada o laminada en cuero o cuerina azul o verde, engrampada, con las páginas numeradas, escrita a dos espacios en cuerpo Arial o Times, en hojas A4 o tamaño carta, conteniendo el título de la obra al tope de cada hoja o…
Aquellas obras no premiadas serán mutiladas y luego incineradas sin que importe que en esos momentos el autor las esté solicitando desde la puerta.
Aquellas obras si premiadas, no.
La ceremonia de premiación se llevará cabo en Reyjavik, capital de Islandia, siendo condición indispensable la presencia del ganador. El pasaje correrá por su cuenta.

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):